Dicen por ahí que los amores imposibles, los amores que no pueden ser, son los que más perduran en la piel.

 

Siempre me atraía lo arriesgado, lo complicado, los hombres que eran aves libres, esos impredecibles y extrovertidos a los que no les asustaba apostar porque siempre sabían que iban a ganar a como diera lugar. Me gustaban imposibles, tanto que causaran en mí una gran revolución hasta conseguirlos y aunque varias veces terminé rompiendo mi corazón, la experiencia nadie me la quitaba.

Y entonces sin buscarlo apareció él con todas esas cualidades que me atraían. Que putas ganas de complicarme siempre la vida. Iba de error en error simulando que nada me importaba y no, no era una chica mala, simplemente había llegado al punto de decir ¡ya no más! Ya no más al amor, a las ataduras, a las heridas, a las ilusiones, ya no más a los buenos sentimientos (aunque en el fondo los siguiera teniendo), ¡ya no más!

Y entonces ahora optaba por la adrenalina, aquello diferente, aquello que le diera chispa a mi vida y corrí con la suerte de que él buscaba lo mismo, o tal vez eso fue lo que queríamos solo al principio.

Todo comenzó a ser muy casual, después de un tiempo nos hicimos amigos que parecían no poderse separar. Finalmente llegamos a esa parte, esa en la que mi piel terminó fundida con la suya, una entrega total como la que nunca tuve jamás, era como si en verdad nos amaramos, besó centímetro a centímetro mi piel y yo exploré cada rincón de su cuerpo. Me encantaba su intensidad y al mismo tiempo sus tiernas caricias. Y el cabrón que no sabía amor, me hizo el amor de una manera única y especial.

 

Y después de entregarnos, todo volvía a la normalidad. Con los días intentaba descifrar que éramos y es que cuando estábamos juntos se sentía una conexión especial. Sabía de sobra que lo nuestro era momentáneo, duraría solo un suspiro pero aun así quería vivirlo y disfrutarlo. Fueron tantos encuentros, mismos en los que me sentí más viva que nunca, lo mejor era olvidarme del mundo entero y perderme en su mirada mientras mi piel se fundía con la suya. Él era quien me sacaba de mi burbuja y el mundo color de rosa que aparentaba tener; su frialdad, su indiferencia y su nulo romanticismo me hechizaban, no era el chico que nadie deseaba pero era el chico que a mí me fascinaba, en pocas palabras él era el demonio perfecto.

Y cuando por fin me di cuenta que lo amaba más que a nadie, salí huyendo. No estaba preparada para el amor, no estaba preparada para otra decepción. Y así, terminé al lado de un hombre bueno, un hombre que no es ni la mitad de lo que mi demonio perfecto pero un hombre al fin que me enamoró y me mostró lo que quizás si es el verdadero amor.

Tal vez suene a locura porque han pasado muchos años, pero a pesar de todo aún sigo recordando, nunca supe que fue de él, si me buscó o si llegó a sentir lo mismo que yo por él. Solo sé que si lo recuerdo se me estremece la piel y es que aunque no era el indicado era mi favorito y como amor imposible, su recuerdo perdurará en el infinito…

 

Autor: Stepha Salcas   (Diario De Una Bipolar)

Derechos de Autor.



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