Tomaré un fuerte respiro… Me dolió la manera en que me heriste, porque sí lo hiciste y me hirió aún más el hecho de que yo lo sabía, pero siempre me decía a mí misma: “No, él no es así”. Después me di cuenta de que era real, de que sí eras capaz de herirme con tu indiferencia o tus decisiones tan precipitadas. ¿Cómo en unos días tú cambiaste mi mundo de colores, en días llenos de oscuridad y vacío?

Eres la persona a la que más quiero en este momento de mi vida, porque a pesar de que no te conocía realmente, estaba segura de que fueras quien fueras, te seguiría queriendo igual. Te extraño, con infinita intranquilidad, de aquellas cosas que dices o haces cuando estamos juntos. Digo que no puedo bastarme conmigo misma, que de una u otra forma has logrado meterte en mis huesos e instalarte en el tuétano. Pero hoy tu ausencia quema, como queman mis dedos cuando al querer escribir las palabras no se reproducen, no germinan.

Te extraño, sí, me siento extraña sin ti, pero no todo el tiempo, no me haces falta como me haría falta el aire o la sangre, esas son estupideces; te extraño los días domingo porque toda la porquería semanal se acumula para dañar mi ánimo y predisposición… Te extraño en las noches, porque después de escribir, el silencio aturde y jode los tímpanos… Te extraño cuando fumo un cigarrillo después del almuerzo, porque ese vacío en el estómago que provoca el humo revive a los murciélagos que me desgarran las entrañas por verte.

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Ojalá pudiera, por un momento, sentir tu tacto para apretar tu mano y quedarme sonriendo. Extraño las sonrisas que arrancas de mis labios y la forma tan natural en que te quiero…Y te escribo con melancolía sólo porque desearía que estuvieras aquí y no en un lugar donde mi tacto no te alcanza, donde mis labios no te encuentran y donde tu aliento no es capaz de tocarme la mejilla, y hacerme ver las cosas de forma diferente.

Quizá nunca entenderás lo mucho que te quise, lo mucho que te amo, te amé y amaré. Pero óyeme bien: un día cuando leas todos los poemas que hice, y cierres los ojos para ir a dormir, recordarás que esta mujer loca te dio un pedazo de alma, aun sin que lo pidieras y se mordió fuerte el corazón, para dejarte esta vez volar a su manera. Tal vez tú no lo entiendas hoy, tal vez nunca lo sepas, pero buscando te hallo sin darte cuenta, tú tal vez nunca entiendas todo el amor que siento, pero siempre te lo dirán mis letras; siempre escribiré para ti, si es que la vida me alcanza.

El amor es la historia de todos nuestros rincones: la casa de los amantes, las bragas de los cajones, la cama de los hoteles, algunas habitaciones, la regadera del baño, la última parte del cine, el auto fuera del bar, el árbol más escondido. Nuestras huellas dactilares se quedarán para siempre en la lista de lugares, que ni locos nos perderemos. Tendrás mi mano acariciando la tuya aunque no la sientas cerca y mis ojos cuidando tu camino. aunque tú no puedas verlos. Estaré ahí. Estaremos juntos, incluso cuando no estemos…

Te amo ¡Maldita sea! Te amo… Y te seguiré amando siempre.

 

por Mariana Yescas



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