¿Para qué vives? ¿Para qué te levantas cada día? ¿Para qué haces lo que haces?

 

La verdad es, que estamos en este mundo por un periodo indeterminado de tiempo. Durante ese tiempo hacemos cosas, las cuales algunas son importantes y otras, un poco menos. Y son las importantes las que dan sentido y felicidad a nuestra vida. Las demás, básicamente, son sólo para matar el tiempo.

Sé que decir que amas todo lo que haces, suena inspirador, ya que nos da la pauta para permanecer en nuestra zona de confort y nos obliga a conformarnos con lo que ya tenemos o conocemos, total, así es más cómodo, ya que no nos exige emprender un proceso de auto-descubrimiento interno que nos ayude a saber qué es exactamente eso que nos apasiona y nos hace vibrar, eso que muchas veces cuando éramos niños lo teníamos muy claro o, al menos, lo intuíamos, pero poco a poco lo fuimos olvidando.

Por ejemplo, cuando yo era niña, solía escribir historias. Me encerraba en mi cuarto durante horas escribiendo cosas sencillas sobre mí y la gente que me rodeaba. Y no lo hacía por impresionar a nadie, ni para que lo leyeran, sino simplemente, por la alegría y el placer de hacerlo. Y después, por alguna razón, dejé de hacerlo. No recuerdo por qué. Y no fue hasta hace unos años que re-descubrí de nuevo cuánto me gusta escribir. Comencé al igual que de pequeña, cuando estaba sola y con sólo una pluma y un papel, por diversión. Sé que no viviré de eso, pero al menos, hago algo que desde que era pequeña me apasiona y disfruto mucho.

Tenemos una tendencia a perder el contacto con lo que gustaba cuando éramos niños. Quizá algo tienen que ver las presiones sociales de la adolescencia y las presiones profesionales de la edad adulta que exprimen esa pasión que hay en nosotros. Nos enseñan que la única razón para hacer algo, es si de algún modo, seremos recompensados por ello.

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Yo creo que todos tenemos algo importante para lo que estamos aquí, algo así como una misión, una pasión. Algo en lo que nos envolvemos tanto, que hace que los minutos se conviertan en horas y las horas en “joder, me olvidé de cenar”. Hablo de esa pasión que te ayuda a ser bueno en algo y luego tratar de mejorar. Esa obsesión que hace que te olvides de todo y te mantiene despierto toda la noche porque te cautiva, te hace sentir vivo, te apasiona. Porque no lo ves como un trabajo, sino como algo que amas.

Encontrar esa pasión no siempre es fácil, hay quienes incluso, ya grandes, no lo saben. No tienen ni idea de cuál es. Y aunque es una lucha por lo que todos atravesamos, es ahora nuestra misión cósmica el encontrarla. Posiblemente tengas que afrontar el sentimiento del miedo, la estupidez, la pereza , pero una vez que inicias la búsqueda de tu pasión o de tus pasiones, todo se llena de optimismo, de grandeza y de sentido. Y esos sentimientos durarán cuánto tú estés dispuesto a sostenerlos, a acariciarlos, a darles de comer y de beber. Cuántas veces seas capaz de reponerte y volver a sentirlo cuando desaparezcan.

Porque si no lo haces, si no encuentras lo que te haga sentir vivo, terminaras pudriéndote por dentro, haciéndote pequeño y oscuro. Y sólo la gente apasionada no renuncia al primer obstáculo, incluso, ni al segundo, ni al tercero, sino que siguen y siguen buscando alcanzar su meta. Saben ir por más, corren riesgos, saben quebrantar la comodidad, reclaman lo que es suyo y pelean por su sueño. La gente apasionada es enemiga de la comodidad y el conformismo, por lo que para ellos sólo existe sí o sí llegaré a mi objetivo deseado.

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Encuentra lo que amas y deja que te mate, ya sea un amor, un sueño, un hobby, un deporte, un trabajo, tu familia, la música, todo aquello que no te deje dormir y cuando lo hace, lo sigas soñando. No te detengas, no te rindas, no te quedes a mitad del camino, ni como simple observador, no termines tu vida lleno de amargura lamentando y recordando el sueño que quisiste vivir.

No te quedes en tu zona de confort, vuela y sé tú mismo, y sobre todo, cree en ti. Cuesta, pero el resultado seguro será de 10 y te llenará de vida, de satisfacción, de libertad, de luz, de color, de felicidad y, de mucha tranquilidad. Porque éstas son las cosas que realmente valen la pena. ¡Y por favor!… Nunca permitas que los demás te desmotiven, o te convenzan de que estás en el camino equivocado, porque seguramente, esas personan no han tenido el valor de perseguir sus sueños, por lo tanto, no están en posición de decirte qué es o no lo mejor para ti.

Sólo tú sabes cuál es el camino, y tengas la edad que tengas, nunca es demasiado tarde para ir por lo que amas, porque aquí lo trágico no es morir, sino vivir sin un amor, sin algo que te erice la piel.

Autor: Karla Galleta



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