Hasta que uno no se encuentre, no puede hacer feliz a nadie. Ni a nuestros hijos. Tengo que perdonarme por haber creído en palabras sin acciones. Por haber tenido expectativas. Por haber confiado en ti y haber defendido ante todos algo que no era real. Tuvimos muchos instantes de risas y de eso se trata la vida así que no me arrepiento. Me hiciste muy feliz en un momento de mi vida.

Yo encontré paz en el preciso momento que tuviste un mínimo instante de sinceridad conmigo, acompañada de lágrimas pero lágrimas que me harán conocer más de cerca y a apreciar las sonrisas genuinas. Aprendí mucho de ti pero he aprendido más, una vez saliste de mi vida. Cuando uno desea vivir en un mundo diferente tiene que aportar algo al universo para que esto se convierta en una realidad. Siempre hablaste de lealtad y amor pero fueron solo palabras o fantasías. Siempre dijiste que no confiabas en nadie, que no tenías amigos y que habías encontrado en mi eso que no habías encontrado antes. Que me amabas y me amarías siempre. Como dice Ricardo Arjona, “el amor es verbo no sustantivo”.

Te diste cuenta que yo te amaba más de lo que tu te amabas y yo me di cuenta que permití tanto por la misma razón, yo no me amaba lo suficiente. Estabas tan hambriento de atención, de amor, de vida…que mi corazón se convirtió en comida para tu ego. Tuviste que alejarte porque tanto amor hacia ti, te haría daño. Era demasiada felicidad para tus costumbres. Yo espero, te lo juro, que el arrepentiemiento no te alcance. Realmente nunca estuve perdida, estaba aturdida por todo el ruido que hacía tu voz y yo no escuchaba la mía. Ahora que no estas, he vuelto a escucharme. Sanar toma tiempo. No significa que el daño no ocurrió, lo importante es aceptar que tenemos una herida pero que el dolor no domina nuestras vidas. El libro Los Cuatro Acuerdos de Don Miguel Ruiz nos enseña que debemos ser impecables con nuestras palabras, no debemos tomar nada personalmente, no debemos hacer suposiciones y debemos hacer siempre lo máximo que podamos. Así que mi intención con este escrito no es buscar culpables ni hacerte sentir mal, yo permití todo lo que viví.

Uno de los actos de amor es establecer límites y no me acordaba de mi amor propio por lo que no lo hice. Mi objetivo con este escrito es acercarnos a ambos más a la libertad, a la paz, al amor incondicional (real), reconociendo las lecciones que de estas experiencias. Por mi parte, quiero sentirme tranquila porque lo negativo fue lamentablemente efecto de un amor ciego pero nunca con intenciones de herir. Estuve siempre que lo necesitaste, cuando otros daban solo excusas. Le di otro color y sabor a tu vida. Un hombre con sueños necesita una mujer con visión. Si alguien no te reta, no te apasiona, no es para ti. Los hombres extraordinarios, invierten y se impulsan pensando en su mujer. Alguien que te ama, siembra la semilla para hacerte analizar. Tu entenderás el mensaje cuando realmente quieras verlo. Espero que no hayas perdido gran parte de tu vida antes de verlo. La gente puede conocerte tan profundo como se hayan conocido ellos mismos. Si puedes, recuérdame como la mujer de la que pensaste te habías enamorado, a la que le decías que la amabas completita y la admirabas, la que decías que te escribía cosas que te llenaban tanto como nadie lo había expresado, a la que le dijiste que era demasiada mujer para ti, no me recuerdes por lo negativo. No quiero sentir rencor y siempre te recordaré como el hombre que me enseñó a amar.

 



     Compartir         Compartir