Por alguna razón sus sentimientos seguían intactos, él había logrado lastimarla de mil formas sin embargo ella jamás lo olvidó. Su recuerdo seguía presente, cada minuto que pasó a Su lado, cada detalle, cada sonrisa, se negaba a soltarle la mano. Era su amor, se había enamorado sin siquiera darse cuenta, en menos de dos meses él se había convertido en su todo. Había logrado entrometerse en su corazón sin pedirle permiso y sin darse cuenta.

Ella tenía en claro que él no era un chico en quien podía confiar y entregarlo todo, pero lo hizo sin esperar nada a cambio. Lo amó como nunca había amado a nadie, gracias a eso experimentó sensaciones que nunca había conocido; el cosquilleo en su vientre cada vez que lo miraba aunque sea de lejos, la sensación de que su pecho se inflara de felicidad cada vez que él le devolvía una sonrisa y el deseo que aparecía siempre siendo inoportuno cada vez que sus miradas se cruzaban.

Estaba totalmente enamorada y no había nada más que hacer. Sabía perfectamente que su amor no era correspondido, pero ¿qué mas daba? Suelen decir que nadie elige a quién amar, y ella no fue una excepción. Desde el primer día en que sus miradas se encontraron supo que ese chico le enseñaría a tener una vista desde otro panorama, y así fue, él sin darse cuenta cada día que pasaba le enseñaba a sentirse segura de sí misma y sobre todo capaz de lograr cualquier cosa que se propusiera.

Estaba totalmente agradecida con él por lograr que la mujer segura firme y capaz, apareciera luego de haber sido reemplazada por una totalmente vulnerable a cualquier insulto. Muchas veces había escuchado que el amor se fortalece gracias a la pareja, en su caso, su amor se fortalecía con solo una sonrisa o un simple acto de caballerosidad de parte de su amado. Estaba totalmente pérdida, no podía dejar de pensar en él ni siquiera cuando su relación terminó. Creía que luego se la ruptura todo terminaría, las sensaciones se esfumarían y su amor por él moriría pero se equivocó…

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Su amor creció aún más y el deseo de verlo, tenerlo cerca y poder besar sus labios era cada día más intenso. Ahí fue cuando se dio cuenta de que no importaba el tiempo que hayan estado juntos, importaba la intensidad con la que ella vivió su pequeño romance y sabía perfectamente que lo había hecho al cien por ciento. Sabía también que, mas allá de los errores que él cometió lo había perdonado y aunque volviese un lunes por la madrugada diciéndole que quería intentarlo una vez más ella aceptaría, simplemente porque lo amaba con cada centímetro de su cuerpo y con una intensidad única, y porque jamás lo olvidaría no importa con quién haya estado en el tiempo que no se vieron, él estuvo en su cabeza cada minuto del día y ella seguía siendo completamente suya desde el primer día que lo vio.

Por: Franca Juarez



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