Vivimos en un mundo en el que la violencia, la guerra, el secuestro, el narcotráfico, el robo y toda clase de maldades son algo de lo más normal. Es increíble la cantidad de contenido violento a la que está sometido un niño promedio cuando ve la televisión todos los días. Y no sólo los niños, los adultos nos hemos acostumbrado a ella. En las noticias, aparecen informes de ejecutados, acribillados, desaparecidos, y nosotros lo tomamos como si nada. Se nos ha vuelto frío el corazón. Tanto es así, que es normal que muchos ya no confíen en el amor. Que si les hablas de amor se rían a carcajadas y te digan: “¿qué es eso? Es algo anticuado. Vives en las cavernas, amigo. Eso del amor ya no existe”. Yo era una de esas personas, frías, con el alma endurecida y el corazón de piedra, que pensaba que esas cosas del amor eran para pobres ilusos. En el fondo, me encontraba amargado, porque nunca había conocido a nadie que me dijera “te amo”, a nadie que me quisiera por lo que soy, que me dijera cuánto valgo.

Pero te conocí y mi vida dio un giro de 180 grados. Viniste a refrescar mi existencia de una forma que jamás imaginé. Contigo aprendí que el mundo se puede mirar desde otro ángulo, que hay más colores que el blanco, el gris y el negro, y que definitivamente se puede creer en el amor sin ser un iluso. Mi corazón, que antes era duro y frío, contigo se volvió cálido y flexible. Me enseñaste que, más allá de toda esa absurda violencia del mundo, aún hay personas buenas como tú que hacen que todo valga la pena. Y ahora, con tu amor, me siento, fuerte, tan fuerte que no importa cuántas veces pueda caerme, me seguiré levantando y seguiré luchando por mis sueños, así como tú lo haces también. Siento que de alguna manera el destino me tenía preparada tu llegada, para que yo despertara de este letargo frío con tu calor y tus alegres ganas de vivir.

Hay tantas cosas que me nacen del alma desde que te conozco, todo un lenguaje nuevo que no me creí capaz de expresar. Siento que soy otro, definitivamente una mejor persona. Quiero agradecerte infinitamente la confianza que has depositado en mí, eso me hace mucho muy feliz, porque nunca nadie lo había hecho antes, y por ello mi corazón estaba triste y se había puesto duro para protegerse. Sé que tú lo supiste ver, y diste con la manera perfecta de acariciarlo, besarlo y apapacharlo para que rompiera esa coraza dura que lo separaba del mundo. Rompiste mis barreras, me abriste todo un panorama nuevo y ahora estoy listo para enfrentar los retos que el destino me tenga preparados, a tu lado.

No me queda más que decirte gracias. Gracias por amarme. Gracias por devolverle la sangre a mi corazón y el brillo a mi alma. Eres una persona maravillosa, lo puedo ver, y quiero luchar por ti, quiero ir hasta el fin del mundo con tal de demostrarte cuánto te amo y cuán grandes son mis sentimientos hacia ti. Eres lo más hermoso que me ha pasado, y no tengo dudas de que quiero estar contigo por mucho, mucho tiempo, todo el que sea posible; si se puede y así lo quieres, una eternidad juntos.

Te amo por mil razones, pero una de ellas es por haberme hecho creer en el amor en tiempos difíciles.



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