Quise dar un paseo por mí misma, es decir, agarre las maletas y me fui de paseo conmigo, quise ver mi vida como si no estuviera por un instante en ella, quise desprenderme de mis errores, quise ver de cerca la piedra con la que me tropecé, quise verla de cerca para tomarla y aventarla lejos, y eso fue lo que hice.

Cansada de sentir que corro mil maratones al día pero termino en el mismo sitio donde comencé, quise ver de cerca mi vida, quise recorrer el sendero que bien o mal yo misma he construido, y así fue como me recibió….

En el camino encontré, no solo una piedra, encontré miles de baches que me hacían caer en tristezas, todas tenían una lágrima nueva, mismas que me hicieron darme cuenta que cada lágrima empapaba las páginas de mi historia, por lo que tenía que cambiarla hoja y de nuevo tenía un lienzo en blanco para comenzar.

walk

Seguí caminando hacia atrás, y vi infinitas sonrisas y escenas llenas de felicidad, las contabilicé y son más que los baches que propiciaron mis tristezas, a lo que me preguntó, ¿por qué una tristeza, nos derrumba más que lo que mil sonrisas puede alentarnos a seguir de frente a la vida?, conforme avanzaba, me di cuenta que trataba con una mujer más madura, de convicciones más fuertes, de sentimientos más puros y que poco a poco iba destrozando el miedo a la vida.

En el camino me encontré con esa pequeña guerrera que nunca paraba de soñar, esa niña, a la que le sobraban sonrisas, la que no albergaba rencor en su corazón, la que se disfrazaba cada día con sus sentimientos, y uso la palabra disfraz, no porque fingiera, al contrario, era tanta su hambre de conocer todo que se ponía la camiseta de lo que iba sintiendo en el camino, si estaba triste, no había nadie más triste que ella, y si era feliz, su alegría era tanta que contagiaba a tres kilómetros a la redonda, esa niña me enamoró con su franqueza, con su sinceridad, con sus ganas por la vida.

Era una niña llena de miedos, púes inexperta no conocía nada de lo que la vida le tenía preparado, pero eran miedos diferentes, eran unos miedos que se disfrutaban, ella gozaba rompiendo cada uno de esos miedos que le impedían avanzar. Conforme miraba a esa niña me encantaba más su forma de agarrar la vida, por esas ganas que tenía de llegar a vivir en los cuernos de la luna.

Esa niña me hipnotizó, tardé poco en darme cuenta que ella era yo. Que de esa manera es como he llegado hasta donde estoy, cierto es que he perdido algunas de sus cualidades, pero es porque yo lo he permitido, un poco de énfasis, de control y volveré a ser lo que era.

De esta manera, me di cuenta que mi camino es tan rico como el de cualquier otro, que no es que esté haciendo las cosas mal simplemente que no pongo atención en las lecciones que la vida me da por aprender. En mi camino no faltaron corajes, frustraciones, rabietas, berrinches, golpes duros de realidad, pero también esta lelo de dichas, de personas maravillosas que me nutren cada día con experiencias cada vez más ricas.

El punto de mi viaje, era el de ver cada uno de mis errores y deshacerme de una vez por todas de eso que si poder evitarlo me hace sentir mal, y lo único que obtuve fue que me encariñé con cada piedra que he logrado superar, las dejé en su lugar, pues cada piedra es una cicatriz en mi vida, y cada una de ellas es una lección bien aprendida.

Cuando por fin llegué el final del camino, me encontré conmigo, aún sigo siendo esa niña que vence miedos, que se come el mundo a puños, solo que con mejores tablas, con cimientos más fuertes que evitan fatales caídas.

nice

Hice un recuento de mi vida, y saboreé de nueva cuenta cada error, me encantó ver cada escalón que he subido por un puesto más grande en el camino de la vida.

Me quedó una gran y valiosa lección, solo yo puedo juzgarme, solo yo puedo castigarme y solo yo puedo aplaudirme de manera sincera cuando hago las cosas bien, pero sobre todo, por más veces que me defraude, tengo una caja llena de perdón que debo usar responsablemente, tengo que aprender a perdonarme y a perdonar, solo así llegaré con menos traspiés a la cima de la montaña de mi vida.

Fui a dar un paseo por mí misma y encontré la plenitud de lo que me falta por conseguir.

 



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