Ella no sabía querer a medias, ella lo quería bien

Ella no tenía miedo de nada, mucho menos de él,

Ella confió en sus palabras, y de apoco a poco, lo comenzó  a querer

Ella no tenía malicia en su alma, pero eso él, no lo supo ver.

A él le gustaba jugar sin pensar en lastimar

Él, era frio como el hielo, a él todo le daba igual

Él no supo ver lo mucho qué ella valía

Él se marchó de su vida sin importar lo mucho que a ella le dolía.

Ella lo miró  partir, pero nada se atrevió a decir

Se quedó callada, pero con el alma rota

Ella le lloró mil noches, lo extrañó muchas más

Después de él, ella no volvió a sonreír igual

Él no se dio cuenta de lo que dejaba escapar

Él no supo valorar a esa chica que le daba lo mejor sin pensar

Él no entendió que el daño se lo hacía así mismo

Pues se alejó de una chica que sin reserva lo quería

No sé dio cuenta que ella le regalaba poesía cuando le sonreía

A ella le costó muchas noches olvidar

Le dedicó muchas lunas, y muchas lágrimas más.

Pero a final de cuentas, ella era poesía pura

Ella era ese verso que no se puede desgastar

Ella tenía luz en su alma,

Y eso, tarde o temprano, alguien más lo tenía que notar

Un día llegó un poeta que supo con exactitud leer su silueta

Leer entre líneas la perfección de sus letras.

Ella al principio opuso resistencia, pues tenía miedo de las consecuencias

Y sin embargo, él la supo tratar, le ayudó a reconstruir sus alas, la invitó a volar.

Como era de esperarse, su viejo amor volvió

Cansado de buscar lo que nunca encontró,

Pronto se dio cuenta de lo mágica que era ella

Pero para su mala suerte, ella ya no le pertenecía,

Pues ella, ya  había encontrado a su poeta.

Escrito por:    Señorita Libélula.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



     Compartir         Compartir