Preciosa, mi pedazo de ilusión, estoy realmente abatido y triste porque estás tan lejos de mí. No tengo las palabras para decirte todo lo que me provocaste con tus gestos, tus palabras y tu reciente forma de ser.

Siento que te extraño demasiado, y me aferro tercamente a la esperanza de volver a verte igual que cuando lo nuestro inició. Esta vez, cuando dijimos adiós, el llanto me invadió sin esperarlo y quise aferrarme a ti, pensando en mantenerte a mi lado y estar así por siempre, pero es que no sólo es la distancia la que hoy nos separa, sino los caminos que hemos tomado.

Se me parte el alma al decirte esto, pues no quiero dejarte ni desaparecer de tu vida y convertirme en ese extraño que era para ti antes de conocernos. Me encuentro en el camino de la incertidumbre, no puedo sacarte de mi mente ni dejar de pensar si voy a encontrarte otra vez. La luz en mí se apagó, ahora sólo suplico porque esa pequeña llama interna pueda recuperar su resplandor.

otra

El rogar no es lo mío, pero tampoco puedo pedirte que me esperes, sé que es mucho tiempo como para encadenar tu corazón a mis locuras. Bien sabes cuánto te quiero y con qué fuerzas deseo tu felicidad, aunque ésta no sea a mi lado; has sido de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida, siempre te lo dije, al verte sonreír me hacías creer en el futuro, por eso hoy pido un deseo a las estrellas: tenerte otra vez aquí, conmigo.

Cuando te imagino diciéndome todas esas cosas hermosas que me expresabas, mi alma se llena de vida, y en esta ocasión quiero responder a tus palabras… Me encantaría seguir estando contigo, ser felices, y sé que si un día puedo verte de nuevo, la alegría volverá a mí…

Me reencontraré con el amor que, en aquellas noches de profunda tristeza, le pedí con tantas fuerzas al Universo.



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