Habíamos tenido la última conversación, en la cual después de tanta insistencia mía de repetirle una y otra vez que yo lo amaba, que estaba sufriendo por su ausencia y que me diera una explicación de por qué se había alejado el solo respondió: los sentimientos cambian ya no te amo.

Al terminar esa llamada que destrozo mi alma le pedí desde el fondo de mi corazón que no me negara el saludo que en nombre del amor que nos había cobijado durante más de dos años me prometiera que terminaríamos la relación como siempre lo habíamos acordado; si bien no con una excelente amistad, que por lo menos tuviéramos el gusto de saludarnos y reconocer que fuimos importantes cada uno en la vida del otro, ese fue el trato y mis últimas palabras fueron no olvides algún día llamarme para saludar por lo menos.

Transcurrieron días, semanas, meses incluso y una mañana de pronto al ver en mi pantalla de mi teléfono aquel número que conocía de memoria, temblé de miedo, miedo por no saber cuál era el motivo de esa llamada, entonces respondí y el saludo diciendo: te debía una llamada, te la pago ahora porque sé que te gusta cobrar, reí y le dije gracias. Me pidió vernos, accedí sin pensarlo.

Cuando toco a mi puerta, el corazón se me salía del pecho, abrí temerosa, entro y se tendió en mi sofá aquel sofá donde pasamos tardes completas riendo y compartiendo, me miraba y yo no sabía que hacer de un momento a otro se acercó a mi lentamente y en un abrazo que hubiera deseado que fuera eterno nos fundimos podía sentir su corazón latiendo sus manos temblando y todo su ser transmitiendo cosas que ni yo misma entendía. Sucedió lo predecible… Y entonces pregunte: ¿Por qué has venido? En un tono sublime pero a la vez temeroso respondió; porque mi corazón me dice inténtalo y de pronto mi mente me dice ya no, tanto pasado y tantas cosas que nos destruyeron…

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Le pedí callar y en tono amable le dije, el pasado ya fue, mañana no sé qué pasará gracias por estar aquí… Al despedirnos no pude evitar que un par de lágrimas cayeran de mis ojos, las seco con sus manos y me dijo: no llores, yo te amo.

Y es así como sé que solo bastaba un poco de distancia mía para que el volviera, y fue así como me di cuenta que también mi corazón decía inténtalo pero mi razón me detenía, es así como hay amores donde la razón es más fuerte que el corazón. Y aun así… Lo amo, y espero con ansias volver a mirar en mi móvil aquel número que aunque lo borre de un aparato, mi mente lo resguardo por alguna razón.

Por: MFHM



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