“Me gustan las personas desesperadas, con mentes rotas y destinos rotos. Están llenos de sorpresas y explosiones. Me encuentro bien entre marginados porque soy un marginado.

No me gusta ser modelado por la sociedad.”

– Charles Bukowski

Al hablar de personas rotas, no hablo de huesos y extremidades, tampoco me refiero a las personas que dicen tener el corazón roto, eso es sólo una patética etapa que la mayoría de nosotros pasa o ha pasado, me refiero a las personas que tienen historias de fuerza y resistencia escondidas entre su aparente debilidad. Las personas rotas que alguna vez fueron personas completas, sí. Quizá digan que no, porque realmente han pasado tanto tiempo rotos, que ya no se acuerdan cómo era estar completas, cómo eran antes.

Ellas andan por ahí, vagando por la vida, buscando sus piezas, andan sin recordar en dónde se les fue a quebrar la ilusión y en dónde perdieron los trozos de su corazón, caminan sobre su pasado una y otra vez y no se dan cuenta que al hacer eso se pierden un poco más.

Las personas “rotas” son aquellas que tienen el coraje de reflexionar y admitir sus defectos. Son las que han estado en el límite y han mirado abajo. Son las que no proclaman su grandeza a cada oportunidad que tienen. Son las que guardan secretos esperando a ser hallados. Son las que han aprendido a reflexionar en cómo se convirtieron en lo que son. Son aquellas cuyas sombras son sus amigas. Son aquellas que pueden aceptar que la vida es cruel y a menudo dura. Son aquellas que guardan secretos de entendimiento y aceptación. Son aquellas que abrazan el cambio porque la vida los cambió. Son las que pueden mostrar su alma sin miedo a llorar, porque es ahí, desde el alma que han aprendido a hacerlo. Son aquellas que revelan lo que ha de admirarse.

2

Son aquellas que aprecian las pequeñas cosas, esas cosas que aprecias cuando todo parece demasiado grande. Son aquellas que saben lo que significa buscar los agujeros en sus paredes. Son aquellas que no demandan ser escuchados. Son aquellas que prefieren el silencio al ruido. Son aquellas que buscan el significado incluso en lugares donde no hay nada que averiguar. Son aquellas que se muestran realmente mientras están calladas. Son aquellas que saben que las preguntas son más poderosas que las malditas respuestas. Son aquellas que han sobrevivido a las dificultades y lo volverían a hacer. Son aquellas que ven la luz en la oscuridad. Son aquellas que pueden ver el daño en otro, y saber cómo hablarle a eso. Son aquellas que hablan con propósito y pasión, con humildad y compasión. Son aquellas que sonríen, sólo porque son felices. Son aquellas que no te harían lo que a ellas tanto las ha dañado. Son aquellas que muestran su corazón sólo a quien lo merece. Son aquellas cuyas grietas están remendadas con historias de superación y curación. Son aquellas que ven tu disfrute y tu dolor. Son aquellas cuyos ojos pueden protegerte y abrazarte. Son aquellas que también lloran por otros. Son aquellas que revelan su fuerza reconociendo su debilidad.

Mucho se dice por ahí, que las personas rotas, no pueden amar. Pero eso no es verdad, las personas rotas, saben, que lo único que cura, es amar. Ellas andan desesperadas por volver a creer en el amor, por volver a empezar. Y saben que son quizá, los tantos intentos fallidos del amor, lo que causó esa ruptura.

Las personas rotas se regocijan y se curan en abrazos cálidos, en miradas. Esos resquebrajamientos, esas grietas, se cierran, al tener alguien con quien soñar. Con quien planear, días no nublados, días llenos de risas.

Las personas rotas miran el cielo perdidas en memorias de cosas que pasaron, pero bien saben que el secreto no es reemplazar. Ellas sólo quieren vivir cosas que les borre la tristeza del ayer, llenar los agujeros y los vacíos que quedaron. Ellas sólo quieren quien las tome de la mano, alguien que les regale una sonrisa.

Y en el fondo, quizá es eso lo que más las aleja de saber amar apropiadamente, el sentimiento de que todo en su vida, de repente, cambie. Pero es el riesgo, el riesgo de volver a romperse, lo que más las asusta. Eso, eso de saber, que si bien esa persona puede componerte, también puede quebrarte aun más. Y eso es lo que más miedo les da, no saber cuál de las dos será.

Pero, aun a sabiendas de saber que pueden terminar peor, las personas rotas tienen algo que casi nadie puede ver. Y es una fe ciega en lo que los mantiene vivos. Sólo unos pocos entienden que para ellas esa pieza -o piezas faltantes- es donde reside la mayor de sus fortalezas. Es el crecerse ante las adversidades lo que les demuestra, no sólo que siguen vivas, sino que quieren sentir la vida.

Y es que no pueden evitar ese pensamiento y sensación que les dice que la felicidad está para vivirla, mientras que la tristeza está para apreciarla, recuperarse y, sobretodo, recargarse. Al fin y al cabo, es en la segunda donde, a lo mejor; más que residir sus ganas, sus sueños, sus ilusiones y sus fuerzas para luchar por lo que pretende conseguir; es cuando estas emociones se sienten más a flor de piel y, por lo tanto, brillan con mayor esplendor dentro de ellas irradiando todo su exterior.

Las personas rotas brillan  cuando al intentar recomponerse, entienden que han perdido piezas y lejos de rendirse, construyen algo mejor. Y una de las más grandes ironías es, que las personas rotas son las que más saben de felicidad, sólo es necesario buscar nuevas razones para armarse, para dejarse encantar y caminar una vez más.

3

Y por último, sólo me queda decir que verdaderamente tengo una inclinación hacia las personas rotas. Me gustan las personas rotas, y no sé si es porque son las únicas que son verdaderas o porque soy una de ellas.

 

“Sí, tengo que decir que hay cosas

de mí que están rotas, irreparables,

que no lograrás arreglar nunca.

Sé que están ahí, a simple vista y

no puedes ignorarlas, no querrás

ignorarlas. Son cicatrices que se ven

en la obscuridad, que no son posibles

eliminar. Tienes que vivir con ellas

como vivo yo. Esto es lo que nos debe

unir, la resistencia reciproca de nuestros

vacíos. Cuesta menos energía la tentativa

de arreglarnos.”

– KarlaGalleta



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