A veces me gustaría vivir alguna de las vidas que me inventan, pues parecen más divertidas que la mía. No estoy segura de muchas cosas, pero de lo que no tengo la mínima duda, es que no me visto o me maquillo para quedar bien con los demás, lo hago para sentirme feliz conmigo.

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He de confesar que algunas veces me levanto con ganas de alimentar la creatividad de la gente, paso a mi closet y antes de elegir mi atuendo, me pregunto, ¿Qué personaje jugaré a ser hoy?, seré la chica fácil que se pone una mini falda para provocar bajos instintos y soltar desgarradores piropos carnales de los finos caballeros, o seré la mojigata que ahoga sus verdaderas intenciones en un vestido que no deja ni un poco e piel asomarse al sol.

Es increíblemente divertido, ver cómo las personas se nutren con la creación de tantas historias vánales y falsas, pero es más infinitamente patético, aquellas que se las creen y viven esperando el  siguiente capítulo de la vida falsa que le crearon a la vecina, o a la novia “promiscua” del primo, yo, por ejemplo casi me caso con un hombre mayor que yo por 15 años, perdí con el mi virginidad, y YO NI SABÍA, fui la comidilla del barrio pues cada que salía un galán nuevo me dejaba en casa.

Mucho tiempo, permití que ese tipo de chismes me hirieran, pues me hundía en el que dirán, el cómo me vería la sociedad tras tal chisme, trate de cambiar mi comportamiento para limpiar mi nombre, pues ya ves lo que dicen, cuando el río suena es porque agua lleva, sin embargo en el tema de las falsas etiquetas y estereotipos sociales, aunque ese río se seque se seguirá oyendo la orquesta, jamás le das gusto a nadie.

Curiosamente si cada tarde salía de casa y me un chico diferente, era porque conseguí un legal y nada promiscuo trabajo en la redacción de un folleto publicitario y tenía servicio de trasporte, el cual no siempre me llevaba el mismo, pues rolaban turnos, he coqueteado a varios chicos desconocidos quizá llegue a besar a unos cuantos, pero me he enamorado una sola vez, eso no sirve en el morbo amarillista del chisme de vecindario, lo mejor es poner falsas etiquetas que siempre se convierten en tendencia estarán de boca en boca de todos.

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La sociedad es falsa y convenenciera, pues está bien que el hermano de mi amiga salga con una chica diferente cada fin de semana pues lo convierte en un campeón, en un conocedor, pero si yo salgo mucho con ella resulta que somos muy fáciles y por eso no nos toman en cuenta.

Me siento frustrada por tanta hipocresía, quiero salir, reír, que el largo de mi falda o lo pronunciado de mi escote no desate furias, envidias y mucho menos libidos, quiero tener 50 años y  poder usar ese vestido entallado que me queda bien y me encanta, no quiero ser NI GOLFA… NI MOJIGATA, quiero ser yo, quiero ser mujer

Quiero ser una mujer de esas que se arriesgan y logran quemar en un cigarrillo cada podrida etiqueta de la que ha sido víctima.



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