Las circunstancias de la vida nos han dejado en claro que nada es para siempre, que el apego a las cosas y personas solo nos causa dolor, que el entregar el todo por el todo sin tener la certeza de que sea reciproco es lo que nos desbarata a la hora de la despedida.

Los sucesos son muchos, desde la relación sentimental que creerías para siempre, hasta esa amiga que tuvo que despedirse pues se va a kilómetros de distancia, y piensas que la amistad terminó. Una despedida es una despedida, el dolor nunca es el mismo, sin embargo la experiencia y el aprendizaje que nos deja es muy similar.

 

adios

La vida pasa rápido, las situaciones siempre cambian, pues no somos árboles y estamos en constante movimiento, mírate, como eres ahora y como estabas hace unos años, mejor aún, como te ves en el futuro, por extraño que parezca, el decir adiós te lleva a planos más grandes y ambiciosos. ¿Cómo van esas metas proyectadas, las cumpliste? ¿no? Ahora checa cuantos círculos dejas sin cerrar, créeme, coincidirán.

Personas llegan, personas se van, pero todas están en tu vida, o aparecieron en ella, no son coincidencia, cada una tuvo tiene el papel de dejarte una experiencia y un aprendizaje que no tendrás con nadie más.

No temas a las despedidas, pues por dolorosas que parezcan cada una te da un claro mensaje, evolución, trascendencia, mira hacia adelante, seguro la cobardía y el miedo te inundaran pues lo desconocido aterra, pero deja fluir las cosas, y velas siempre con sabiduría.

Solo nunca dejes ir sin haber aprendido la lección, aprende a disfrutar y a entender el doloroso idioma del adiós.



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