Ya no recuerdo cuando fue la última vez que tenía el dominio de mis pensamientos. Todo en lo que pienso eres tú, tú eres quien llena mis recuerdos, no hay otra cosa en la que pueda pensar. Se ha vuelto una costumbre el verte dentro de mi cabeza, el soñarte por las noches, el hablarte sin que puedas escucharme. Todo lo que se encuentra alrededor me recuerda a ti. Pienso en el pasado, en el pasado en el que me pertenecías y podía tocarte, abrazarte y besarte. No puedo dejarte, no puedo dejarte porque estas dentro de mí, porque nadie ha podido borrarte. He intentado de una y mil maneras, pero no puedo lograr conectar mi corazón con la razón.

Todos lo ven, todos lo notan, todos saben que existes aún aquí, saben que aún estas ahí dentro y que eres quién alimenta el recuerdo. Intento olvidarte, intento arrancarte pero cuando lo hago siento que desgarro parte de mí, me lastimo al tratar de sacarte.

Los recuerdos suelen atacar por las noches cuando los sonidos terrenales no pueden marear mi cabeza, cuando el corazón y mi mente están dispuestas a ti, están dispuestas a escucharte. Mi brazos aún te necesitan por las noches, y mi cuerpo aún busca tu calor. Son imágenes vagas las que me recuerdan como era el tocarte, las que me recuerdan tu aroma. Extraño reflejarme en ti. Extraño tu voz, tu risa, tus ojos y todo lo que te conforma.

Quiero decirte que me ayudes a planear tu muerte, que me ayudes a explicarme que ya no estas y que jamás volverás. Quiero que me digas otra vez y las veces necesarias que ya no estarás aquí, que se acabo algo que jamás comenzó. Quiero que me ayudes a desaparecer tu cuerpo y que me mientas de nuevo, pero esta vez miénteme diciendo que todo estará bien sin ti, que no te necesito. Quiero derrumbar lo que un día construiste y olvidarme de lo que un día me prometiste. Ayúdame, dile al corazón que te has ido porque yo no estoy dentro de ti, porque yo no soy lo que deseas, dile que es mejor que renuncie, que es mejor que termine.

Sé que la esperanza existe y que es ella la responsable de alimentar este dolor, es la responsable de que me permita seguir dibujándonos haciendo una vida juntos, creando nuestro propio mundo, seguir construyendo el lugar dónde nuestras almas se abrazarán por siempre. Es ella la responsable de recordarme el significado que has tomado en mi vida, que no puedo soltarte aunque ya no me pertenezcas. La esperanza me ha confesado que vela por ti, por tu regreso. Vivo con la ilusión de que estés de nuevo a mi lado y que me rodees de nuevo con tus brazos y que tu boca cerca de mi oído digan un ‘te amo’.

No sé cuándo tiempo más debo soportar el extrañarte de esta manera. No sé cuánto tiempo tomará el olvidarte. y no sé cuándo dejaré de recordarte.

 

 



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