Le pediste tiempo, le dijiste que querías respirar, que te llegaba a sofocar, y creíste que lo entendió.

Un día, te cansaste de esperar susurros de amor al oído, detalles sin motivo alguno, y guerras de abrazos que te hacían mucho reír, un día, te sentiste defraudada, pues los planetas de la galaxia de tu vida, aún siguen su órbita, ya no dan locos paseos por doquier como cuando estabas con él, un día te despertarás frustrada pues pese a creer tener todo, la soledad ahora es la única la que te abraza, y con tal fuerza que te duele.

Cuando choques de frente y sin frenar con ese día, te darás cuenta, que él siempre  camino de tu lado, despacito para no lastimarte, que siempre cuido su fuerte temperamento cuando estaba contigo, o cuando se refería a ti para evitar a toda costa herirte, que generalmente siempre bajaba la cabeza, te robaba un beso y pedía perdón, solo para que te quedarás.

El día que te des cuenta… ya no estaré.

Te darás cuenta de la manera más cruel y dolorosa, que nunca valoraste el  aquí y el ahora, sentirás el fuerte golpe de la ausencia y la indiferencia, rogarás por su presencia, imploraras por su caliente y reconfortante abrazo, y descubrirás que ya está con alguien que si lo hizo volar desde el principio, cuando te duelan los recuerdos, veras que para él ya eres el punto final de la fatídica historia.

Cuando llegue ese día, no tendrás más opción de aconsejar a tus amigas que se den cuenta quien levanta su cara para besar sus labios, las plática serán en su honor.

Entonces, solo entonces te darás cuenta que lo que quieres, no son regalos y detalles, son acciones que te recuerden cada día que no estás sola.

 



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