El corazón se acelera de una forma diferente, la agitación de nervios es rica de sentir y le vuelves a ver, sientes que algo grande va a ocurrir o que al menos si no ocurre existe la posibilidad por muy pequeña que sea de que el resultado cambie. Y te aferras a él.

Es entonces cuando inicias “la conquista” para que un algo ocurra, te vas entregando poquito a poco, y cada vez más te vas armando de más y más valor a medida que el tiempo avanza, pero la realidad es que sólo eres parte de un ciclo. Algunos tienen el privilegio de notarlo antes, cuando recién están iniciando, sin embargo, otros, sólo lo notan cuando ya es demasiado tarde, como yo, pero ahí estás, si todo es cincuenta y cincuenta, mejor quedarnos con la mitad buena, la mitad de la esperanza. Hasta en los libros siempre hay una pequeña frase diciendo que la esperanza es lo último que muere.

Todo es parte de un ciclo, recién ahí comienzas a reflexionar, recordar esos pequeños momentos, probablemente tan sólo segundos en el que estás con aquella persona, todo se vuelve alegría, un mar de colores nuevos y vivos, acto suficiente para alegrarte el resto del día/semana, su sonrisa tan cautivadora (y en mi caso personal… además tan inocente igual a la de un pequeño niño) sumado a su mirada atrayente, sólo te queda suspirar y reconocer “¿Quién podría resistirse a tal encanto?” Y te das cuenta de que esos encantos no son para ti, que nunca lo fueron y tal vez nunca lo sean.

Así de simple. Así de “cruel”, existe un alguien que no se sabe si gusta de la misma persona con la que está saliendo, luego está tú alguien que gusta de esta persona y, por último, estás tú que gustas de él/ella. Quizás si bajo esta ley alguien esté gustando de ti, y ni siquiera importa, interesa sólo de quien tú gustas pero que no es mutuo. Si algún día llegases a enterarte que escribí esto pensando en ti, espero que sirva de respuesta si es que también en algún momento te preguntaste cómo me sentí.

Pues ahí lo tienes. Luego de un par de meses fue mi conclusión al enterarme que de quien gusto desea profundamente a mi mejor amiga, a la única amiga que tengo. Y mi última confesión extremadamente sincera (justo como lo son las mías) debo estar realmente jodida, porque a pesar de haberlo oído y de desear odiarte o ser indiferente a ti, lo único que hago es tenerte en mis oraciones nocturnas pidiendo que todo te salga bien y que si no resulta que no termines herido. Cuídate… mientras tanto yo, sigo siendo parte de aquel ciclo sin fin del que no puedo salir.

Por: myvon



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