Seguramente han escuchado esa leyenda oriental del hilo rojo, esa que cuenta como todos estamos predestinados a compartir la vida con alguien, ese hilo que sin importar las vueltas que dé la vida, siempre terminará tensándose obligándonos de la manera más bonita a encontrar esa parte que nos hace falta.

Desde que la leí, dudé de su certeza, sin embargo la vida misma me llevo a creer fervientemente en ella. Voy a contarles la historia de una niña que siempre veía por detrás de la ventana a ese chico que le movía cada parte de su interior.


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Ellos, no siempre juntos pero jamás dispersos, la vida los llevó a tomar caminos sumamente distintos y lejanos. Hay un dicho popular que dice que siempre terminas por regresar a donde dejaste parte de tu esencia, el destino siempre te regresa a donde la vida es más bonita.

Así, sin darnos cuenta nuestros círculos volvieron a estar mezclados, volvimos a toparnos de frente con el destino, pero esta vez fue diferente, aunque hicimos lo mismo, hubo un sentimiento distinto, esas bonitas coincidencias que te dibujan una permanente sonrisa en el rostro, esta vez, al vernos coincidieron no solo las miradas emocionadas por el tiempo que pasamos separados, coincidieron también sentimientos.

Nos fuimos de la mano por un café, y quedó frío en la mesa por toda la conversación que floto en el aire, hablamos de nuestras tormentas y del desastre interno que nos dejaron, recordamos lo  lindo que era hace unos ayeres, en que la mayor preocupación que teníamos era de no salirnos del contorno al colorear y el estrés más grande que sentíamos era el saber si tendríamos nuestros juguetes en navidad.

Hablamos, reímos, me viste llorar y me abrazaste para que no te viera a ti hacer lo mismo, fue ahí en donde realmente nos vimos, en donde por fin nos conocimos, justo en donde nos dimos cuenta porque antes no nos habíamos visto con esos ojos y con los sentimientos en la piel. No era nuestro momento, pero ahora lo es y no lo dejaremos pasar otra vez.

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Hoy puedo decir a los 4 vientos que ganamos la batalla de la distancia, o que el destino por fin colocó las piezas exactas en nuestro rompecabezas, después de mucho tiempo, es ahora cuando nos damos cuenta que siempre lo estuvimos armando juntos.

Y es que en esa leyenda todo es cierto, estoy feliz a tu lado pues eres tú el chico al final de mi hilo rojo.

Idea original: Citalli Castañon



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