Somos energía, nos transformamos, cambiamos, evolucionamos constantemente, sin darnos
cuenta que algo interiormente está en pleno ciclo mutante; así somos, humanos expuestos a
cualquier circunstancia y situación que cree un estado diferente.

Por ejemplo, el dolor, ese sentimiento tan temido por cualquiera, se cuela por nuestras entrañas,
se convierte en inquilino del corazón y almacena su equipaje en un abrir y cerrar de ojos hasta
que decida irse. Crea efectos secundarios altamente nocivos, en ese proceso, el cuerpo capta
todo lo negativo e incluso aquello que pretende ayudar, nada puede hacer cambiar de opinión a
don cerebro cuando el señorito corazón está exhausto por recibir la visita de demonios
provenientes de un rincón oscuro del alma.


Los primeros síntomas son la frialdad, deseamos que la tierra nos trague, no reímos, no
disfrutamos de los pequeños instantes y con ello, se acerca la soledad dispuesta a ser vecina de
la señorita tristeza. Y se hace notar la vulnerabilidad intentando hacer buenas migas con la
comunidad de los sueños rotos.
En el transcurso de este viaje tan inesperado, gritamos en silencio un desgarrador auxilio, pero el
exterior no escucha nuestros lamentos, prohibimos que se exprese, lo acumulamos en algún
lugar, esperando a que esté salga por sí mismo, pero nunca llega a hacerlo. Perdemos a gente, la
familia no reconoce el comportamiento adquirido, los amigos de antaño se marchan y los amores,
puede que el amor sea el gran culpable de este enredo.
Pero, solo en ocasiones, el dolor desempeña una función contradictoria: logra unir, por lo cual
somos fuertes, tenemos el motor de combustión para continuar hacia adelante, eso es el amor
profesado por los seres que realmente nos aman, los mismos que nos hacen ser fuertes e
invencibles.

smoke

Aunque el mundo se nos caiga a pedazos, adelantamos la carrera al sufrimiento.

Nos restablecemos, respetamos el sistema, limpiamos el mal; puede que esto no pase solo una
vez, existen muchas circunstancias determinantes para que el dolor regrese, por desgracia remite
en remotas ocasiones, ya que hay múltiples causas para que se manifieste; sin embargo, las
personas permanecemos en un circuito desfrenado de altibajos y sorprendentes ideas no
planteadas, y así, entre tanto cambio, la normalidad se instala en el complejo ser humano.

Autor: Ariadna López Bratlle.



     Compartir         Compartir