Madurar es entender que hay cosas que no van a cambiar, es aprender aceptar la realidad, madurar es volverse fuerte para afrontar las cosas que antes nos dolían de más.

Llega una etapa en la vida de todos, en la que aprendemos a vivir con nuestros demonios, en donde lo que antes nos parecía el fin del mundo, hoy es solo una enseñanza más, algo que  tiene solución, que tarde o temprano se superará.

Madurar implica aceptamos tal cual somos, sin máscaras, sin prejuicios tontos, asumimos nuestras debilidades sin rendirnos, es aceptar que todas las limitaciones se pueden superar, al madurar entendemos que hay mil ideas más que debemos aceptar, y superarse es el fin consecuente que hay cuando se trabaja duro por los sueños, por crear una realidad en la que vale la pena estar.

 

Cuando aceptamos la responsabilidad de nuestras decisiones y tomamos las riendas de nuestras vidas, es la señal inconfundible de que hemos dado un paso más, ahora es momento de forjar el camino que hemos de recorrer, de luchar por las metas que nos hemos propuesto lograr.

Madurar es entender que somos seres humanos imperfectos, que los errores deben convertirse en impulso, y no en miedo.

Madurar es ser capaz de reír con fuerza, de mostrar quien eres sin caretas que ocultar, madurar es también llorar cuando es necesario hacerlo.

Madurar es entender que la felicidad consiste en pequeños detalles, en que la felicidad depende de uno mismo y no de los demás.

 

 

 



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