Como mujeres, frecuentemente se nos presentan dificultades que podemos prevenir si así nos los proponemos, pero muchas veces somos negligentes y dejamos que pasen, creando un problema donde no debería haberlo.  Así sucede, por ejemplo, en las relaciones de pareja o con los amigos. Dice el dicho que el amor es ciego y algunos piensan que es así porque no somos capaces de ver cómo es en realidad el ser amado, pero yo creo que también se puede interpretar como que a veces somos incapaces de ver las consecuencias de nuestras acciones. Por ejemplo, están las mujeres que aman demasiado y que hacen cualquier cosa por tener siempre contenta a la pareja, pensando que así lo retendrán en caso de que se quiera ir.

Los hombres se dan cuenta cuando una mujer ha perdido la dignidad, y muchos de ellos se aprovechan de ello para moldear la relación a su antojo. Poco a poco van minimizando a la mujer hasta que anulan por completo su voluntad, lo que suele dar paso a humillaciones y maltratos. El problema es que ella misma nunca se respetó, y le fue permitiendo al hombre propasar los límites: así es como nacen muchos de los casos de abuso.

No es malo querer consentir a tu hombre ni hablarle por teléfono para buscar una reconciliación si han tenido alguna contrariedad, pero si te empeñas en quedar bien siempre y no le exiges a él que también ponga de su parte, se dará cuenta que puede hacer contigo lo que quiera, a fin de cuentas tú siempre estarás dispuesta a solucionarlo todo. Es necesario poner límites. Y cuando sea él quien haya decidido irse, no vayas y le ruegues para que vuelva, conserva tu dignidad, pues es posible que sí vuelva, pero se aprovechará porque sabrá que estás dispuesta a todo con tal de no perderlo.

Tú vales mucho como ser humano y como mujer, así que no debes dejar que nadie juegue contigo ni te haga menos. Ámate y respétate a ti misma, y los demás te respetarán. Y nunca, nunca pierdas tu dignidad por un amor.



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