Todos conocemos las bellas y a veces dolorosas etapas del amor, pero todos, sabemos que una vez pasadas todas y cada una sin importar el orden, la deliciosa recompensa es el tener un amor maduro, y ese, es el que vale, el que dura.

Cuando se pasa el estado de idealismo de ambos, el meloso y bello enamoramiento, cuando se conocen, aceptan y respetan entre sí, es cuando pasan a vivir una relación de completo respeto, comprensión, no es que en las otras etapas no existan estas características, pero el amor maduro es que todos queremos alanzar y gozar.

Sabemos que tenemos un amor maduro porque es el completo, el que está libre de infidelidades y traiciones, es cuando ya sin miedo depositas la confianza, el corazón, el cuerpo y el alma en una persona que sabemos siempre estará siguiéndonos de cerca aunque no puedas ver sus pasos.

Las características son muy simples. Pon atención a ellas pues  no querrás dejarlo pasar sin que te des cuenta.

  1. El amor maduro se forja por la admiración.

admiracion

Basar tu relación en la atracción física es el camino más directo al campo de los corazones rotos, en el trayecto, podrías encontrar espejismos de amor, pero créeme ese no es el amor real, mucho menos el amor maduro de que hablamos.

El sendero del amor real tiene que estar lleno de admiración, no se trata de adulación egocéntrica, sino admirar, respetar, y enamorarte de cada una de las sombras de tu pareja, aceptar su forma de ver el mundo, y de esta manera, complementarse, jamás querer cambiarse.

En resumidas cuentas, admirarse es saber diferenciar entre el sentimiento de amar, y la costumbre de estar.

  1. El amor maduro aprende todos los días y no tiene miedo a curar heridas.

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Cada relación sentimental nos deja alguna marca en nuestro interior, al terminar, algunas las recordamos con una sonrisa, y otras nos fractura el alma, estas últimas son las que afectan en mayor medida el desarrollo de alguna otra relación que quizá pueda llegar a madurar, pero el miedo a ser lastimados de nuevo suele ganar la batalla.

Por ello cuando se quiere llegar a un amor verdadero, es necesario tener paciencia y a base de cariño ayudar a sanar los rezagos de amores pasados.

No estoy diciendo que vivirás a la sombra de otras personas, o que tu función de por vida será recoger los escombros del corazón roto, sin embargo, si es necesario comprender que de situaciones anteriores se a quedado resentida el alma y es difícil volver a confiar, además esta es una actividad mutua, que si de verdad amas, no te costara trabajo realizar.

  1. Un amor maduro está lejos de ser un acto de interés y egoísmo.

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La razón más común por la que terminan las relaciones, es porque una de las partes siente que la otra a perdido el interés, esa frase de “me perdió por sentirme seguro (a)” es tan cierta. Muchas veces se exige amor sin saber cómo darlo.

Las relaciones sentimentales son de dos, y esos dos, deben amar, respeta, cautivar, conquistar por igual.

  1. El que busca amar, no sabe hacer daño

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En una relación madura, se piensa en el otro como si fuera sí mismo, es decir, tiene mucho cuidado en lo que dice y en lo que hace pues yo mayor anhelo es jamás lastimar al ser amado.

Si bien el perdón es una opción, las parejas que saben amar y llegan a una relación madura, evitan mentir, gritar, y ofender, para no hacer daño, cuidan el corazón de la pareja como saben el suyo que ha sido entregad también es protegido.

Y por último pero no menos importante.

  1. El amor maduro y verdadero está lejos de ser perfecto.

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Para el verdadero amor, la utopía de la perfección no es uno de sus temas diarios, pues está consciente, de que las partes que forman esa relación son dos personas, que aunque suene redundante y sea un pleonasmo, son humanos y tienen errores. El truco está en aceptarlos, verlos a tiempo, tener una comunicación certera y efectiva para poder resolverlos.

Nada es miel sobre hojuelas, el amor madura cuando se tiene la garra las ganas y el amor para superar cada bache, o tropiezo de la relación.

Ya lo sabes, ahora te toca a ti el luchar por defender el amor y hacerlo madurar, solo recuerda que…

Por fuerte que se vea el roble, siempre ha pasado por batallas que le tumban las hojas, pero siempre vuelve a recuperar sus hojas.

Has que tu relación sea ese roble de batallas ganadas.

Idea original y autoría : Karla Galleta



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