“HAY AMORES QUE TE CAMBIAN, QUE TE TRANSFORMAN. AMORES QUE NO PASAN A DIARIO Y QUE DE HECHO NO PASAN SIEMPRE. SON AMORES QUE TE BESAN LA PIEL Y TE TOCAN EL ALMA”.

 

 Cuenta una leyenda que todos nacemos atados a nuestra “alma gemela” mediante un hilo rojo. Pero no es un hilo cualquiera, es un hilo indestructible, que por más que se estire o se enrede, jamás podrá romperse. Y no importa cuántas parejas se tengan a lo largo de la vida, al final de cuentas siempre se estará atado mediante ese hilo a nuestro amor verdadero, y como dice Isabel Allende, eso automáticamente nos vuelve amantes eternos y está en nuestro Karma seguir encontrando a esa persona hasta que se pueda consumar el amor.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando ese hilo rojo te llevó directamente a estar con el gran amor de tu vida? Y más allá, ¿qué ocurre cuando ese gran amor termina y se va? ¿Hasta ahí llegó la función del hilo rojo? Tal vez hay algo que la leyenda no nos esté contando y nos oculte, porque muy probablemente el hilo se rompa únicamente cuando ya cumplió su función de unir a dos almas gemelas… ¿o no?

A lo largo de nuestra vida nos convertimos en el amor de muchas personas y muchos se convierten en el nuestro. Desde luego que cada historia de amor es diferente, con distintos matices e intensidades, pero el motor de todas es el mismo: el amor. Y si bien es cierto que no se ama de la misma forma a nadie que conocemos, también es cierto que siempre se puede volver a amar a alguien con quien se escriba otra historia.

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No obstante, muchos son los que aseguran que después de conocer a ese gran amor de la vida, es imposible volver amar e inclusive recuperarse de esa pérdida que con frecuencia, deja el corazón destrozado y sin ganas de dar más. Y puede que tengan razón hasta cierto punto, pero personalmente discrepo en todo lo demás.

Siempre he sostenido que después de vivir un amor tan intenso como el que se vive con la persona que es tu alma gemela, nada vuelve a ser igual. De hecho, no te quedan ganas de darle nada más a nadie porque no puedes, estás vacío, y lo que te quedaba se lo diste a esa persona que ahora se ha ido. ¿Y qué decir del corazón? Bueno, ese es quien se lleva la peor parte de haber estado en el campo de batalla y a veces reconstruirlo tarda un rato, porque no es para menos; estamos hablando del gran amor de tu vida, ese que se suponía iba a estar contigo hasta el fin de tus días…ese que se supone, está atado contigo sin importar cuánto estires el hilo.

 

 ¿Y duele? ¡Claro que duele! Tener un corazón roto es posiblemente tan doloroso como una herida física y más cuando el responsable es ese amor de tu vida a quien tratas de suplir con otro alguien que te haga sentir lo mismo, pero sin éxito.

Al final te das cuenta que sí, que es verdad que ya no vas a encontrar a nadie como esa persona y que jamás volverás a sentir lo mismo por nadie más, pero aquí es donde debe entrar el aprendizaje y la sabiduría adquirida en el camino. Aquí te das cuenta que efectivamente, tener un corazón roto es inevitable, pero es una experiencia que forma parte del viaje, y que afortunadamente con el tiempo, el dolor pasa y las heridas sanan, el corazón se reconstruye y vuelves a confiar, te vuelves a abrir a la posibilidad de sentir lo mismo o incluso mucho más por alguien diferente, porque entiendes que aunque la historia con el amor de tu vida fue intensa y única, no puedes cerrarte a la oportunidad de conocer a otro alguien que muy posiblemente, te enseñe nuevas experiencias y te haga vivir el amor de una forma única que también te haga sentir vivo.

Y probablemente aún después de entender eso, te sigas preguntando el por qué del final de esa historia, que se suponía, era con el amor de tu vida y que por lo tanto, no debía terminar. Pero si eres listo, aceptarás la realidad y te darás cuenta que en la vida hay personas que llegan por temporadas para enseñarnos cosas, para hacernos vivir historias y que una vez terminada su función en nuestra vida, se van porque han cumplido su misión.

Cuando yo mismo llegué a esa conclusión, entendí lo que los budistas quieren decir cuando repiten la frase “si nuestro Karma lo permite, nos volveremos a encontrar”, que no es otra cosa que una forma simple de decir que lo que es será pase lo que pase, y que las cosas ocurren por una razón en el momento y lugar indicados, ni antes ni después, porque lo que ocurre es exactamente lo que debía ocurrir y no hay más.

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Ahora la historia del hilo rojo toma otro cariz. Inclusive esa historia también tenga sus excepciones que no menciona y las cosas no sean tan exactas como se nos cuenta. Tal vez el hilo rojo sí se rompa después de haber vivido nuestra historia con ese que era nuestro amor de vida, poniendo punto final a ese encuentro y a ese Karma. Pero también es probable que ese hilo rojo pueda regenerarse con otra persona que también esté dentro de nuestro karma, y con quien tal vez el hilo no se rompa sino hasta el final de nuestro días. Finalmente cuando eso pase, entenderemos que en la vida hay muchos amores y que ese amor de vida que jurábamos eterno, en realidad no lo era tanto porque se fue. Entenderemos que el verdadero amor de nuestra vida, es esa persona que pase lo que pase, decide quedarse a nuestro lado por el resto de la vida, y eso, es algo mucho más allá que definitivamente ya no tiene nada que ver con hilos rojos o de cualquier otro color. Fin.

“NUNCA VAS A AMAR A NADIE IGUAL Y NO PRETENDAS HACERLO. PIENSA QUE SIEMPRE PUEDES AMAR MÁS Y MEJOR Y QUE EL AMOR DE TU VIDA NO ES ESE QUE SE FUE, ES MÁS BIEN ESE QUE TAMBIÉN TE ESTÁ BUSCANDO Y QUE COMO TÚ, TAMBIÉN ESPERA QUE TE QUEDES A SU LADO”

Escrito por: Alex Toledo.



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