Él amará a otra mujer. Estoy segura de que lo hará mientras yo avanzo más hacia el camino del olvido, mientras me pierdo entre sus viejos recuerdos, entre atardeceres y cartas que quizás no vuelva a leer o fotografías que probablemente no desee volver a mirar, las seguirá guardando en aquel pequeño baúl que le obsequié para que guardara todo aquello que formaba nuestra historia, creo que incluso ahora a mí me ha guardado ahí, sí, estoy segura que ahora estoy ahí, escondida, sepultada, aunque no olvidada, al menos no del todo.

Tal vez suceda que alguien me nombre alguna vez, pero él demostrará demencia, aunque pueda deletrear como todo un experto mi nombre completo. Fingirá no haber oído, fingirá no haber sentido nada, aunque quizás al escuchar mi nombre muy quedito sienta un vuelco en su corazón, esos que, te hacen recordar lo vivido y al mismo tiempo te hacen estremecer. Sin embargo, él fingirá que no conoce a nadie que lleve ese nombre, no demostrará ninguna emoción y todos le creerán, le creerán que en verdad he dejado de ser su amor.

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Él amará a otra mujer: el tiempo avanza, la vida sigue su curso y el amor al final de cuentas siempre finaliza, creo. Y naturalmente todo aquello que alguna vez fue una brasa termina convertido en cenizas, tristemente, lo sé.

Aunque nadie pretenda que sea así, aunque nadie lo quiera ni lo desee, envejecemos; envejece nuestra vida, nosotros mismos y todas las cosas que nos rodean, incluso a veces suele envejecer el corazón, el alma. Pero también es cierto que en primavera los rosales vuelven a dar rosas y es por eso que sé que él volverá a amar a otra mujer y creo que, está bien.

Probablemente él ya olvidó mi último beso y la verdad es que no me importa cómo ni con quien lo ha hecho. Pero estoy casi convencida de que tal vez un día escuchando la que fuese nuestra canción favorita él sienta que le cambia el ritmo de su corazón, ¡recordará!, lo sé, inconscientemente y casi a reniegas sé que lo hará.

O tal vez una oleada de aire fresco le traiga mi aroma, ese que tanto disfrutaba oler en mí, ese que le despertaba emociones y sensaciones, ese con él que me conoció y que jamás dejé de usar, que inclusive aun continúo usando o tal vez será el carmín de unos labios con los que se topa por ahí, los que le hagan pensar, aunque sea un poco o tal vez un mucho en mí. Algún día sé que será así.

Tal vez puede que sea una palabra amable, un gesto, una risa escandalosa o algún modo de mirar. Tal vez sean ciertos lugares, alguna estación, una calle, o un atardecer, los que lo hagan volverme a suspirar.

Y de alguna u otra manera deberá recordarme, sin querer, aunque se oponga, aunque el hacerlo le duela o le cause coraje, inclusive al escuchar sus tacones o tal vez al mirarle desnuda y note que hacen falta en esa piel, los lunares que en mí lo hacían enloquecer.

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Será algún día, algún día que quizás nunca sabré, un día que quizás él querrá borrar, pero no importa, no importa cuándo y dónde lo haga, si lo hace aquí o allá, porque el verdadero amor, ese que termina calándote en los huesos, ese que suele parecerse al viento, porque anuncia que se ha ido y en realidad nunca se va, es el que tuvimos, el que tendremos, el que sin importar si esté escondido en un baúl… permanecerá.

Y cuando ese momento llegue, tal vez él vuelva a suspirar y tal vez su corazón se vuelva a acelerar y probablemente ella preguntará por qué, y entonces deberá inventar una mentira, tal vez una piadosa pero finalmente mentira para que nunca sepa por qué fue.

Estoy segura de que ella no verá esa huella, esa misma que él ha intentado borrar de si, esa huella tan mía que le he dejado, aunque ya perdí; y, aunque ella pueda llegar a amarle más que yo, él no llegará a amarla más que a mí.

Inspirado en el texto de José Ángel Buesa

Autor: Stepha Salcas



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