En ocasiones estás buscando la tranquilidad y de pronto te das cuenta que es muy difícil de conseguir. Te cansas de fingir que las heridas del pasado no duelen, y conviertes a la soledad en tu aliada. Las cicatrices te desgarran por dentro y, sin importar lo que hagas, tu ánimo sigue por los suelos.

La soledad es una pésima terapeuta, pues te desubica y te hace creer que todo estará bien al final; no obstante, en cuanto menos te lo esperas, te vienes a dar cuenta de que esto es sólo el inicio. La pena apenas comienza y ya estoy tan cansado de mi maraña de traumas, que no veo escapatoria. Mis amigos lo sospechan, lo han notado en mi forma de ser, me dicen que he cambiado, que ya no tengo esa alegría en mis ojos.

Mi familia está preocupada por mí, no saben qué me pasa, pues yo sólo puedo mirarlos con los ojos de mi tragedia. Trato de hablar con Dios, pero siento que es en vano: él no escucha y yo no sé a quién le estoy dirigiendo mis oraciones. Mis amigos se sienten decepcionados de mí porque ya no soy el mismo de antes.

La soledad es la peor terapeuta, pues mientras piensas que te está sanando, en realidad te está hundiendo más y más profundo cada vez. Te aísla de los demás, tanto que de pronto te das cuenta que ya no disfrutas la compañía de nadie.

Siento que ya ni siquiera estoy enojado, sólo experimento un dolor puro y profundo. Estando en soledad, me doy cuenta de que nunca vencí mis temores, sólo aprendí a vivir con ellos. Y mi peor temor es seguir aquí estancado, cargando con estas cadenas de recuerdos. El aire se me va y mi mente se encuentra asaltada por miles de pensamientos; ojalá se callara de una vez.

otra

El silencio inunda mi soledad y la congela, estoy al borde del precipicio de la locura y vengo a saber que no tengo remedio. Me pongo a escribir, a ver si así se disipa el miedo, pero la pluma no surte su efecto y las palabras me niegan la redención. Mi mente está vacía, y los instantes se me escapan de las manos como agua de olvido.

Y me digo a mí mismo: no te ahogues en la laguna de la soledad. Sal y busca sanar tus heridas, porque el tiempo se nos escapa pensando en el día que seremos felices, y ese día no llega por arte de magia. Hay que estar conciente de que…

…no siempre el que tiene más, gana.



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