Estar triste es natural cuando nos ha sucedido algo doloroso, como una pérdida que no esperábamos, o una que esperábamos pero que no queríamos que llegara. No hay nada de malo en darnos un tiempo para sentir nuestra pena, pero tenemos que irnos sobreponiendo poco a poco y dejar a un lado la negatividad para seguir con nuestras vidas.

Por eso hoy he decidido ser fuerte y afrontar mi dolor con entereza. Quiero pintarle una sonrisa a la vida, aunque al principio me cueste. Sé que tarde o temprano este mal sentimiento se irá y volverá la alegría y la dicha a mi existir.

He llorado y llorado como un niño, como nunca antes lo había hecho. Fuiste lo mejor que me pasó en mucho tiempo, me diste momentos de felicidad inigualables y juntos experimentamos cosas nuevas y diferentes… hasta que cambiaste, te fuiste y me dejaste aquí, sola, devastada, apesadumbrada por tu ausencia… ¿y tú? Frío, indiferente, parece que nunca me hubieras conocido. No sé por qué no te duele, si yo estoy hecha trizas.

Pero no hay sufrimiento eterno. Sé que las lágrimas que brotan de mí me están limpiando por dentro y que pronto estaré superando lo nuestro. Al fin me he dado cuenta de que no valía la pena, que nuestra relación se fue destruyendo tanto que ya sólo era ansiedad y amargura.

He decidido ser fuerte y afrontar el dolor, no darle la espalda, no negarlo, sino mirarlo de frente y decirle que no es más poderoso que yo, que soy una guerrera y que no va a acabar conmigo.

Al final, me siento afortunada, pues sé que a mi lado tengo lo más importante: mi salud, mis amigos y mi familia, aquellos que nunca me abandonan y con los que siempre cuento.

Fue doloroso, sí pero…

…soy fuerte y voy a superarlo.



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