Voy a caminar por donde fue limpiado el ardor, no quiero caminar y nuevamente caer en los charcos de lodo que has dejado sobre mi camino. Hay una nueva persona que se ha encargado de irlos limpiando, pero es un trabajo arduo y muy cansado, yo no se lo he pedido pero tiene la iniciativa pues su intención es que caminemos juntos y no haya peligros.

Que injusto fuiste por herirme mientas estuvimos juntos y lo eres aún más por irte y dejar un camino sucio y peligroso.

Donde puedo hundirme en el fango del recuerdo, puedo tropezar en los baches de la nostalgia y en una de esas quedarme muy cómodamente llorando en una de esas sillas que pusiste; me invitan a asentarme y no seguir adelante.

Quisiera flotar, flotar por encima de toda esa suciedad y sentirme libre y querida, que los recuerdos se fueran volando a otra dirección, que las heridas se laman solas y sanes por su propia cuenta; que no hubiera necesidad de que yo las tratara y les pusiera atención.

De alguna forma él cumple con esa función, se interesa por verme bien, se interesa por darme alas y poder volar, porque tal vez flotar sea un poco más complicado, ha dejado que crezcan de mi propio cuerpo, no es que me las haya prestado.

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No puedo compararlos, sería muy injusto para él y te estaría haciendo un favor a ti.

Dudo mucho que tú un día puedas llegar a ser como él, por más que quieras no puedes llegar a ser así, es una pena pues toda tu vida iras haciendo daño y dejando fango.

No fuiste un error, aprendí muchas de las cosas que no se deben de hacer, además si yo no me hubiera separado de ese lazo de dolor que nos unía, jamás hubiera podido conocerlo a él y no te confundas no es gracias a ti, es gracias a que por fin me decidí a superarte.



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