¿Qué pretendíamos al entregarnos tan completa y perfectamente? ¿En qué demonios estabas pensando cuándo me hacías el amor y qué rayos pasaba por mi cabeza cuando decidí abrirte mi corazón?

Sigo preguntándome estúpidamente -¿por qué?- y es que se perfectamente la respuesta, porque -a lo que te has de negar es lo que has de querer-, irónicamente. Sigo reprochando las circunstancias, el tiempo o momento bueno o malo en que llegaste, sea como sea creo que no era el momento indicado, pero ¿por qué convencerme de que hay un momento perfecto para el amor? Quizás sólo para no sentirme más miserable es que he decidido hacerme a la idea de que si éramos nosotros, pero no era nuestro momento, no estábamos destinados a ser, al menos no en este tiempo.

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Pero si entonces no era nuestro momento ¿por qué te echo tanto de menos? Porque el tic-tac del reloj me parece ensordecedor, porque checo el móvil cada 5 minutos y espero con ansías que mágicamente aparezca una llamada o un mensaje con tu nombre en el remitente, porque volteo a cada esquina inconscientemente esperando verte, porque esta maldita angustia y desesperación por volver a saber de ti, porque mi calendario sigue marcando el día de ayer, porque tu aroma se ha instalado en mi piel, porque no te sales de mis sueños y porque te dedico cada pensamiento, ¿por qué?

Estamos tan acostumbradas a pensar que nosotras somos las que sabemos querer y los hombres sólo engañar o lastimar, tal vez soy una especie rara pues esta vez ha sido la excepción, esta vez he sido yo la del error.

Tanto tiempo en mi burbuja y en mi negación de no volverme a enamorar; tantas cicatrices, tantas heridas, tantos fantasmas que cuando se puso el amor frente a mí, lo único que supe hacer fue huir.

Tanto prohibirme un sentimiento o una emoción pero inesperadamente mi corazón de nueva cuenta sintió. ¡Demasiado tarde! Alguien más había llamado su atención, alguien más que me desplazaba poco a poco y me quitaba la oportunidad de obtener un lugar en su corazón.

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Pero ¿qué carajos le podía decir cuándo dijo que no sabía lo que sentía por mí? ¿Con qué cara podía reclamar un lugar que alguien más supo llenar? Lo cierto es que me acobardé, si me la hubiese jugado desde un principio sería yo quien estuviera con él. Sería yo quien gozaría de su presencia a diario, sería yo quien le tomara la mano. Sería yo quien al acurrucarse escuchara los sonidos de su corazón, sería yo quien en las noches le hiciera el amor, sería yo la que contara sus lunares, sería yo la que escuchara sus historias y tal vez una que otra que nadie más sabe, sería yo pero… ella ganó.

¿Para qué habría de quedarme? ¿Para qué luchar y lastimarme? ¿Para qué insistir en algo que no podrá ser? Aun así me sigo preguntando si el habrá de olvidar rápidamente mi piel y es que estoy segura de que si él llamara después, yo respondería, sin dudarlo a sus brazos volvería otra vez.

¿Por qué le tememos tanto al amor después de una desilusión? ¿Por qué tomamos la manía de que nos habrán de lastimar por igual? ¿Por qué simplemente no perdonar y superar? ¿Por qué? de haber sido más valiente y no una vil cobarde estaría con alguien haciendo historia, sin embargo, sólo fuimos dos desconocidos que jugaron a quererse; dos desconocidos que en las cuatro paredes de una habitación hicieron el amor y aunque al final ella era de él, lo dejó ir, lo dejó volar aunque doliese que lo hiciera en otro cielo pero a veces esa libertad demuestra el querer y ella lo quería, lo quería sinceramente y desde lo profundo de su corazón y no se dio cuenta hasta que lo perdió. Suele pasar…

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En lo profundo de su corazón conserva la esperanza de una tonta confusión, confusión que tal vez con el tiempo aclare, confusión que tal vez lo haga volver, ojalá le extrañe, ojalá le piense como ella a él, ojalá no olvide sus besos, su aroma y su piel. Ojalá que un día eche de menos sus caricias, su voz y sus mimos, ojalá compruebe que la necesita y entonces decida volver. Ojalá.

Y entonces ella sólo mira pasar los días en el calendario, tal vez aparezca tarde o temprano alguien más, pero ahorita es él quien ocupa su corazón y cuando él sienta un escalofrió cruzar su espalda y una brisa sople en su cara, es ella… besándolo desde lejos.

Así son los amores imposibles; esos que no se dan por miedo. Dos desconocidos que jugaron a quererse aunque la realidad es que ya se pertenecen. ¿Habrá un intento más? Se lo dejo al destino y es que el corazón se inclina a donde el pie camina, así sin más.

Autor: Stepha Salcas



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