Es verdad que estar en compañía de alguien a quien amas es una sensación divina. No podemos negarlo, tener con quien compartir los momentos de alegría, los anhelos,  los sueños y fantasías es el  deseo que todos guardan en su interior. Tenemos que aceptarlo, la idea de encontrar a  tu  alma gemela, es casi una necesidad básica. Esa la idea que nos inculcan las novelas románticas, el cine, la televisión, la sociedad que  engancha de alguien más su felicidad

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Ya que todos estamos de acuerdo en que tener una pareja y estar en una relación es algo maravilloso, ¿por qué no hablar de la maravillosa sensación de estar en soledad, de estar con uno mismo? Habrá que ser sinceros, no podemos andar por la vida buscando a quien amar, hay momentos para disfrutar la soledad, la soltería, para encontrarnos, para conocernos de verdad.

A final de cuentas somos nosotros mismos los que hemos de lidiar con nuestros demonios, con nuestros miedos y en los buenos momentos con nuestros triunfos y gozos.

  

En mi caso, no falta el imprudente que cuestione mi soltería,  que me diga que ya es tiempo, que llevo mucho tiempo sola, que me hace falta alguien a quien amar, que si acaso no le tengo miedo a quedarme sola.

La pregunta no me incomoda, más bien me da un poco de risa; es curioso porque  la realidad es que no me siento  triste, ni mucho menos sola, es una etapa en la que he aprendido a  disfrutarme de verdad. Lo aprendí después de cometer algunos errores, de estar con alguien por estar; estar en compañía y sentirse en soledad.

Esto sí que es imperdonable, inaceptable, totalmente incongruente ¿No lo crees?

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Resulta que después de estas desgastantes experiencias, aprendí que la soltería puede sorprendentemente resultar liberadora. No tener que rendirle cuentas a nadie me hizo darme cuenta de todas las posibilidades que tenía para realizar a solas. Volví a tener el tiempo disponible para frecuentar a mis amigos, para disfrutar a mi familia, para salir al cine, salir de viaje, pero sin intención de cumplir las expectativas o deseos de alguien; comencé  a invertir mi tiempo en mí y solo para mí.

Lo que comenzó como terapia para no deprimirme, termino con la increíble realidad de sentirme realmente libre; y es que estando en soledad, haciendo un autoanálisis sincero, es como descubres lo que estás haciendo mal, y con la plena convicción de querer convertirte en una mejor versión de ti, no queda de otra que cambiar y trabajar para lograr la estabilidad emocional  y espiritual que nos hace falta.

Así contesto a quien pregunta sobre mi miedo a la soledad:

Yo disfruto mi soltería, porque una mujer segura no le teme a la soledad; una mujer segura, sabe que nunca está sola.



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