Una persona se comporta mal contigo. Le dices que te ha herido lo que ha hecho. Y, al verse orillado, pronuncia las dos palabras que mejor cuadran en la situación: “Lo siento”.

O tú mismo eres sorprendido “in fraganti” en una mentira. Te reclaman y no te queda de otra que decir: “Lo siento”.

¿Esas dos palabras son suficientes? ¿Basta con decir: “Lo siento”?

El que ofende queda libre; sale de rositas. Y sobre el ofendido queda el cargo del daño y el de perdonarlo.

Pues no. Si pedir disculpas se queda en un par de palabras, es una mala disculpa. Como poco, una disculpa aceptable ha de contar con estos tres elementos:

Lo Siento Mucho

1. Asumir la responsabilidad

Quien haya hecho el daño ha de asumirlo y admitirlo,  hacerse cargo de su error. Te ha lastimado o te ha faltado al respeto y así tiene que reconocerlo.

No vale eso de: “Lo siento. Te mentí porque tú me presionas tanto…”

¿Cómo? ¿Qué disculpa es ésa? ¿Dices “lo siento” y me echas la culpa a mí de que tú hayas mentido?

El que mete la pata ha de tener el valor y la humildad necesarios para admitir su error o su mala obra: “Sí, lo hice. Tomé una mala decisión. Obré indebidamente.”

Después hay tiempo de explicar las circunstancias. Pero, lo primero, es asumir la responsabilidad, somos dueños de nuestros actos y no podemos estar por la vida mintiendo o decepcionando a los demás.

2. Mostrar arrepentimiento

En una disculpa sincera, la persona que comete el daño ha de mostrar un mínimo de respeto hacia tus sentimientos. Especialmente si se trata de un problema serio, es inapropiado que trivialice la situación, que te haga bromas o te diga que te lo estás tomando muy a pecho.

(Es mi opinión.) Qué menos que explicar las razones por las que hizo lo que hizo y mostrar que lo lamenta.

Por ejemplo: Tú me pides que recoja a tu madre del aeropuerto. Yo te digo que cuentes con ello. Pero, a la hora que aterriza, me lío con el trabajo y me olvido de tu madre.

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Una mala disculpa sería: Lo siento. Pero, sabiendo lo ocupada que estoy, ¿por qué me haces ese encargo? (Así te estoy echando la culpa a ti.)

La buena, se parecería más a: Lo siento. Se me pasó la hora. Pensé que iba a tener tiempo, pero surgió… (tal cosa).

3. Tratar de enmendar el problema

Si hay algo que se pueda hacer para resarcir el daño, es la ocasión de hacerlo. Cuando te rompen un cristal, por ejemplo, a quien lo hace le toca asumir las consecuencias y pagar la reparación.

¿Y qué pasa con los errores que no se pueden deshacer? Yo no puedo volver el tiempo atrás para ir al aeropuerto a por tu madre. Lo que sí puedo es darte mi palabra de que no volverá a ocurrir y cumplir con eso.

¿A qué llegamos con esto? A que un par de palabras de disculpa no bastan si no están acompañadas de una acción positiva.

Y, cuanto antes tenga lugar esa acción, mejor. Las disculpas han de darse lo antes posible. Antes de que te pillen “in fraganti”, con los pantalones bajados, y no te quede de otra.

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