El cielo había perdido por completo su color azul, era más bien como de un tono grisáceo pálido, todos los sonidos se percibían a lo lejos, como si me encontrara sumergida en el agua, debo aceptar que hasta respirar dolía, estaba completamente apagada, muerta en vida, había perdido toda razón para seguir adelante, y solo seguía la inercia de mi día a día, días largos que parecían eternidades, y yo solo sobrevivía, pero sin una razón de ser.

Un día como todos, me dirigía a mi trabajo y algo sucedió, sentí una presencia enorme me que saco de mi letargo y llamo mi atención, y ahí estabas tú con esa enorme sonrisa, me preguntaba a mí misma ¿Qué será aquello que lo hace reír así?, volteaba a todos lados y no veía nada peculiar y entonces entendí que por alguna razón me estabas sonriendo a mí.

El tiempo entonces cambio de velocidad, los minutos que hasta ahora se habían estancado fluían rápidamente, me quede mirándote y tú a mí, nos perdimos durante un rato solo observando los ojos del otro, y de la nada me preguntaste si quería tomar un café contigo en mi día de descanso, ¿Cómo puedes tener tanta confianza?, pero debo agradecer que fue gracias a eso que nos pudimos volver a encontrar, me di cuenta que había vuelto a ser la misma de antes cuando me sorprendí cantando en la regadera, me mire en el espejo y descubrí que el color de mis mejillas había vuelto, abrí la ventana y vislumbre un cielo azul, azul profundo.

Dicen que la sonrisa lo cura todo, pero no es la riza como tal, puedes ir a ver cientos de comediantes y experimentar un desahogo temporal, pero después todo vuelve a la normalidad, creo que la persona que te provoca esa sonrisa es realmente la responsable de que llegues a sanar, esa persona para mi eres tú, solo quiero que sepas que aunque en muchas ocasiones se me pase decírtelo, te amo, y me da mucho gusto que hayas entrado en mi vida, que te hayas fijado en mí y que el destino de alguna manera nos hiciera coincidir.

Autor: Sunky

 



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