La historia entre nosotros terminó. Lo que tanto te advertí, pasó. A pesar de eso, seguí luchando. ¡Pero qué difícil es luchar sola por los dos! Las ilusiones nuevas que empezaban a formarse cuando te seguí por una última oportunidad, se esfumaron rápidamente. Yo te seguí, lo menos que pudiste haber hecho es recibirme con amor, pero en vez de ello sentí desprecio, indiferencia y mi corazón  no pudo más con esa frialdad.

Marchitas las palabras que nos dijimos. Puse mi empeño en salvar la relación, en cambiar lo que no querías de mí, me convertí en la esposa abnegada que deseabas, pero tú no te convertiste en el esposo abnegado que necesitaba. Pero que se le va a hacer si ya no me amas ni me respetas como dijiste.

Tú has hecho el problema más grande y ni siquiera deseas solucionarlo. Yo sola no puedo. Te lo repetí tanto que me aburrí. Pero tus deseos son esos, dejar que muera lo poco que queda de amor y no rescatar nada.

Está bien, lo acepto. Yo tuve mis errores, yo también me equivoqué pero dejé mi orgullo por ti y pedí perdón. Porque me aferre más al amor que te tengo, a tantas cosas que juntos empezábamos a construir, me aferré a nosotros. ¿Acaso tú hiciste lo mismo por mí? No. Es más, me restregaste que no tuviste ningún error y que solo yo fui la equivocada. Más decepción para mí. Ver cómo te envuelve ese orgullo y altivez. Te haces el importante conmigo olvidando el amor.

Despreciándolo. Desechándolo fácilmente. Y me duele, porque pensé que lucharías más. Pensé que sentías más. Pero se me olvido que aquí siempre he sido yo la que siente más. Perdí, lo acepto. Pero ya no puedo seguir sola por los dos. Ahora veo impotente como todo va diluyéndose. Ya no me miras. Estás enojado. Resentido. Desilusionado ¿Y yo? ¿Crees que no me siento así? ¿Crees que tampoco me hiciste daño al no darme mi lugar de esposa? Pero no importa para ti.

Mientras pasa todo esto, yo me curo lentamente. El tiempo es mi amigo. Sé que no dejaré de amarte tan fácilmente, pero lo haré. Adiós a los cinco años que invertimos juntos. Ya no le daremos la familia unida que queríamos para nuestra hija. Ya no realizaremos nuestros sueños que juntos deseábamos para los tres. Y es que yo lo hacía para toda la vida. Quería pasar contigo toda mi vida, de verdad. Todo mi futuro lo idealizaba contigo, envejecer contigo, morir a tu lado.

Poco a poco reconstruiré mis sueños. En ellos ya no estarás tú. Sólo nuestra hija y yo. Y cuando lleguemos a viejos al lado de nuestra hija, te sonreiré en su boda. Dejaré de lado todos los años que pasaron y los resentimientos que acumulamos y te diré: “Pudimos haber llegado hasta aquí, lado a lado y ser felices. ¡Como pudimos haberlo hecho!” Más tú solo me mirarás y me sacarás que fue todo mi culpa, y yo te responderé: “Ves viejo, ni aún ahora aceptas tus errores, por eso no llegamos aquí.” Y seguirás refunfuñando que solo fue culpa mía y yo me reiré más porque sabré que no has cambiado nada y te sacaré a bailar una última vez, por nuestra hija y a regañadientes aceptarás. “¿Te imaginas, haber tenido dos hijos más, un niño o una niña más? Parecidos a ti más que a mí. Todos cenando con nosotros, todos riéndonos, contando historias, disfrutando de nuestra compañía en familia.”

Pero el sueño desapareció con el pensamiento y yo preferiré callar e imaginármelo. Y al final, solo quedamos nosotros de viejos. Casados con otros, con hijos de otros, celebrando la boda de nuestra única hija. Y te diré una vez más: “Pude haberte amado hasta llegar a este momento, pero no lo permitiste. Y también sé que tú también pudiste haberme amado a mí hasta este día. Es una lástima mi viejo, una verdadera lástima” Tu solo me responderás con silencio, como siempre.

Y en ese momento dejaremos de bailar y regresaré con mi esposo o tal vez a sentarme sola en una mesa y tú con tu mujer y tus otros hijos. Y nuestra hija habrá disfrutado ese momento de habernos visto juntos bailando sin pelear una única vez. Porque nunca nos vio besándonos, ni bailando, abrazándonos o deseándonos buenos días. Siempre nos vio cuando nos despedíamos de ella y nos tirábamos miradas de enojo, o cuando hablábamos entre nosotros de ella casi peleando por algo que no nos parecía.

gif-tumblr

Y ella deseará no vivir así su familia. Y la aconsejaré de no cometer mis errores, de abrir bien los ojos ante los defectos que crea no poder sobrellevar. Le diré que uno tiene que aceptar a las personas como son, no tratar de cambiarlas, pueden hacerlo para mejor, sí, si ellas así lo desean, pero el amor no tiene que cegarte sino abrirte los ojos. Y ella seguirá tus consejos y los míos. Y encontrará un amor que no se parezca al que tuvimos. Un amor lleno de comunicación, honesto, verdadero, sin orgullo. Y nosotros viviremos, más no juntos. Pero recordando el amor que pudo haber sido hasta la muerte.

Al menos, sé que tú encontrarás esa felicidad que no tuviste a mi lado. La que te quise dar pero no supe cómo. Y te agradezco, por amarme como lo hiciste, porque viví momentos tan hermosos a tu lado. Momentos llenos de felicidad, de travesuras, de complicidad, de pasión que recordaré con una sonrisa, porque esos momentos son los que deseo recordar. Serás el amor que se escapó de mis manos. El que quise y no pude tener. Aunque pasen los años, y se vacíen los corazones tendrás ese pedazo de mí que nunca me podrás regresar.

Y yo tendré ese pedazo de ti, que jamás querré dejar ir. Y aunque ahora no quiera que ningún otro hombre en mi vida que no seas tú me toque, sé que llegara un momento en el que tendré que librarme de tus últimas caricias y besos. Tal vez me vuelva a enamorar. Tal vez decida vivir de los recuerdos, tal vez encuentre alguien con quien crear nuevos recuerdos. Tal vez no. Pero yo solo te deseo lo mejor, que encuentres lo que conmigo no tuviste, que lo disfrutes, que lo vivas, que creas en ese amor y que seas feliz.

Liss Marvil



     Compartir         Compartir