El alma es esa pequeña puerta que no abrimos casi nunca a nadie, es el lugar donde escondemos las necesidades más intensas, donde se aloja la responsabilidad de nuestras elecciones, nuestros dolores más profundos y todo aquello que nos ha convertido en lo que somos.

Desnudar el cuerpo es fácil, eso cualquiera puede hacerlo, pero desnudar el alma, es dificilísimo. Es ir quitando capas poco a poco, para descubrir qué hay en el fondo de una persona una vez que ha sido despojada de todo lo superficial. Es derribar esos muros que tanto esfuerzo han costado construir a lo largo del camino. Es sentirse vulnerable, mostrar tus miedos, tus sueños, tus imperfecciones, tus anhelos más profundos, sin prejuicios. Es correr el riesgo de ser lastimado, pero conscientes de que merece la pena hacerlo.

Desnudar el alma es difícil, porque al principio da vergüenza, cierta ansiedad, pero sobre todo, un puto miedo. Es difícil porque no cualquiera lo sabe valorar.

Pero una vez que lo haces, es como abrir la puerta de una habitación cerrada, es sentirte en libertad mostrando sin vergüenza alguna, tu exquisita belleza, es intentar viajar un poco más ligeros por la vida… es aprender a amar y ser amados de verdad.

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Si no te ha sido permitido abrir esa puerta, no te tomes derechos que no te corresponden y no juzgues, porque realmente sabes mucho menos de lo que piensas. Y es sólo cruzando esa puerta que conocerás realmente. Pero no puedes forzarla, se abre sola y es muy lenta. Quizá te impacientes y decidas marcharte.

Desnudar el alma es el regalo más grande que podrás recibir, porque en su interior se encuentra la revelación más clara y profunda de lo que es el amor, pero hay personas que no merecen ni necesitan conocer nuestra alma, porque no sabrían qué hacer con tanta información.

Desnudar el alma no es nada fácil, pero de vez en cuando, te lo recomiendo… ¡de verdad!

Autor: Karla Galleta

 



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