Ni siquiera sé quién te has creído todo este tiempo para ir y venir en mi vida, para entrar y salir de mi corazón cuantas veces te plazca, para hacer caer mi voluntad cuando he de decir ¡nunca más!, para tomarme y dejarme siempre a tu antojo, para acabar con mi tranquilidad, para hacerme ver un cielo lleno de estrellas y en un segundo cambiarlo a completa oscuridad. ¡Quién te has creído! Y lo peor de todo es tener que reconocer que yo misma te he dado todo ese poder. Que te he idealizado a más no poder, pero finalmente se me ha caído la venda, finalmente te he podido ver.

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Entiendo que todo haya comenzado como un juego, un juego donde dos solteros no tenían interés de enamorarse ni tener nada serio, todo porque ambos amábamos demasiado nuestra libertad. Pero entonces con el tiempo, con el trato, con tus detalles, con tus mensajes, con aquellos besos y las caricias, con aquellas noches de pasión fue imposible que no me llegara a enamorar. Cayendo así en un pésimo error. Y es que tú no sabes nada del amor. Y si no pretendías amarme, ¿qué ganabas con ilusionarme? Que ganabas con entusiasmarme al hacerme creer que algún día conmigo te habrías de establecer, ¿qué? pudiste ser sincero desde un principio y decir que esto jamás pasaría de un juego, pero te aferraste en pintar corazones, corazones en tu mismo infierno.

Y así, sínicamente y sin saber el significado real de aquella frase, la pronunciaste, tan vacía como todo lo que me decías, pero entonces yo ya estaba enamorada y esa frase por más vacía que sonará me alimentaba. Creí tonta e ingenuamente que tal vez yo lograría cambiar aquellas ideas tuyas de que una relación es encadenarse, que lo mejor es la libertad (aunque cuando te conocí yo también amaba la mía, pero terminé amándote más a ti), el pensamiento de que el amor tiene fecha de caducidad. Pero claro, contigo lo tenía, apenas te enfadabas de un cuerpo, buscabas otro para saciar tus ganas.    

Estoy segura de que te divertiste mucho todo este tiempo. Te divertiste viendo como me enamoraba. Recibiendo mis llamadas y haciendo planes a futuro, un futuro que de sobra sabías que no existiría jamás. Te divertiste con mis mimos, con mis palabras llenas de cariño y con aquellos juegos que hacíamos de niños. Te divertiste viendo como me entregaba totalmente, sin reservas, como cada beso tuyo me hacía volar, como tus manos me lograban erizar y como tú forma de hacerme el amor ponía como loco a mi corazón. Te divertiste, pero al final de cuentas ¡no ganaste!, no lo hiciste porque perdiste a la única que te llegó a amar en verdad.

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Y es que ha llegado el día de ser lo suficientemente fuerte y aceptar lo que tanto me había costado ver tal vez por miedo. ¡Tú no mereces a una mujer como yo y yo, yo no valgo tan poco como para conformarme con un hombre como tú! Ahora me siento liberada, ahora siento que he podido romper al fin las cadenas que a ti me ataban, todo por creer que el amor hacia ti debía ser más grande que el mío hacia mí. Hoy por fin tengo la valentía de abrir la puerta la cual yo misma había sellado al haberme aferrado. La abro y me voy con la frente en alto, porque sé que merezco mucho más, mucho más que las migajas que tu das. Hoy estoy segura de que no volveré a caer más en tu juego. Hoy con firmeza te digo que no he de volver, y es que al pedestal en el que te subí, te he de bajar, no mereces estar tan alto, no merecías que te amara tanto, pero lo hice y aunque no me arrepiento, me cansé de derramar tanto llanto.

¡Ahora vete! Busca y prueba otros labios, siente en tu cuerpo otras manos, amanece en otra cama, piérdete en otra mirada, acaricia otras piernas y hazle el amor a otra mujer, trata de darle tu corazón, vuelve a jugar al amor.

¡Vete! Vete y fracasa, lastima y engaña, hazlo una y otra vez. Ve de mujer en mujer, de cuerpo en cuerpo, de beso en beso… ¡Después, al final, al final solo conseguirías quedar como yo… roto y sin nada! Entonces volverás, vas a regresar a mi como tantas veces lo has hecho, como si jamás te hubieses ido, como si nunca me hubieses herido. Regresarás con el alma en pedazos después de haber repartido migajas entre mujeres que no te amaban, ¡mujeres equivocadas!

Y ésta vez, ésta vez al volver, yo ya no estaré, ésta vez para siempre me iré.

Autor: Stepha Salcas



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