El amor, cuando es auténtico, no tiene por qué causar dolor, porque no engaña, no traiciona, no es capaz de dañar. El amor bonito no hace derramar lágrimas al otro, pues es un amor que sólo sabe de alegrías, que se entrega en una mirada y se da con el corazón en la mano. Este tipo de amor sólo se encuentra en relaciones maduras que han vencido el vacío del egoísmo.

¿Quién de nosotros no ha escuchado aquella frase tan arraigada en nuestra cultura popular que dice: quién bien te quiere te hará sufrir? Eso es completamente falso. Quien te ama no te provoca dolor, pues el amor y el dolor son cosas bien diferentes. En una relación que se basa en la sinceridad y en el cariño recíproco, nunca habrá lugar para lastimarse, jamás.

El profesor emérito de psicología de la Universidad de Washington, John Gottman, escribió un libro llamado ¿Cómo hacer que la pareja dure? En él, nos explica que la base del éxito de una relación duradera y feliz está en saber obsequiarse cada día el uno al otro. Esto no significa hacerse a diario regalos, sino nunca dejar de atenderse, de cuidarse, de apapacharse, de mimarse el uno al otro.

Así que déjate querer, porque el amor verdadero, el amor bonito, no duele. Lo que duele es el desamor, porque llega un momento en el que uno ya no confía en esas palabras que te dice el otro: “voy a cambiar, lo prometo”, “de aquí en adelante todo irá mejor”, “perdóname, será la última vez”. Suenan huecas, vacías, sin sentido, como si provinieran de un corazón apagado y frío. Eso es lo que duele, el (des)engaño, la (des)ilusión, la (des)esperanza.

Por eso hay que saber decirle no a esos falsos amores que vengan con espinas, porque sólo nos harán sangrar, nos arrancarán lágrimas rojas.

El amor bonito nunca es espinado, antes bien es suave, como una caricia. El amor bonito sabe arrancarte una sonrisa cuando un nubarrón oscuro se ha posado sobre tu cabeza y pretende arruinarte el día. El amor bonito está libre de ego, miedo y desconfianza.

Por último, me gustaría recordar a Erich Fromm cuando decía que “el amor es sobre todo un acto de fe”. Yo lo interpreto como pararte y arrojarte hacia atrás, con los ojos cerrados, con la esperanza de que detrás de ti te esperen los brazos que amas listos para atraparte. Déjate atrapar. Déjate querer por ese amor bonito, ese que no duele.

Autor intelectual: Valeria Sabater



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