Estoy segura que amé muchas cosas de ti, amaba tu mirada hinchada en la mañana, amaba tu voz ronca a medio despertar, amaba que tus primeras palabras del día fueran “buenos días amor”, amaba que te dejaras la barba, y amaba que te la quitaras, amaba cuando vestías a rayas pero me encantaba como te quedaban los cuadros, amaba tus mensajes espontáneos y que mataras cada una de mis rabietas con un beso.

Pero tuve miedo, me asuste, quizá me dio miedo que no fueras completamente sincero, aunque no me dabas motivos contrarios, tu ve miedo que me engañaras como lo hicieron los otros, aunque tú siempre me hacías ver que solo tenías ojos para mí, tuve miedo, mucho miedo, de que… no sé pero por miedosa te perdí.

Tú también amabas muchas cosas de mí, pues siempre me lo decías, me dijiste, que amabas la manera en que te miraba comer, me dijiste que amabas como agarraba tu cabello cuando me besabas, amabas mi mano siempre buscando la tuya para caminar, me dijiste que amabas como te buscaba y como me aferraba a tu espalda cuando íbamos a lugares con mucha gente, decías que sentías el pavor que me daba perderme, amabas que te dijera “te amo” porque sabías que era de verdad, amabas que tú me amaras.

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Pero te dio miedo, te asusto conocer a alguien diferente que no se dejó conquistar por tu bella cara si no por tu hermoso corazón, te dio miedo que fui la primera que conoció realmente tu interior, tuviste miedo, no quisiste arriesgar, es más tuviste miedo de confiar.

La culpa no es toda tuya, pero tampoco toda es mía, los dos hemos perdido, los dos nos hemos perdido, dejamos que el miedo ganara al amor, dejamos que la zozobra y la falta de confianza del uno en el otro, terminara por terminar con lo que sentíamos.

Dicen que el amor verdadero no termina, y eso es una gran mentira, pues lo que teníamos era tan real como la luna, peor el miedo también fue de verdad, y dejamos que el miedo se comiera al amor.

De tener todo, así de tajo, decidimos partirlo a la mitad, nos quedamos con la mitad del amor, la mitad de las sonrisas, la mitad de las miradas enamoradas.

Por miedo decidimos renunciar al amor real, por miedo, botamos los sentimientos cuando se apodero de nosotros el pavor a ser felices.

Quizá, fue todo tan perfecto, que un irracional choque de realidad nos hizo creer que no podría ser cierto, nos torturábamos siempre esperando que lo malo llegar, pues no todo puede ser siempre tan bueno.

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¿Por qué no podemos aceptar cuando la vida nos sonríe con cosas buenas, porque siempre tenemos que esperar la catástrofe que termine con la sonrisa, en este caso, la catástrofe la hicimos tu y yo, dejamos que el miedo fuera más grande que el amor.

Eres maduro, yo también lo soy…

Y cual personas maduras que somos, corrimos despavoridos al sentir que nos llegó el amor…



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