Dejaré que mis ojos sean presa de su antojo, ellos quieren verte, quieren apreciar cada parte de tu cuerpo; un cuerpo que si bien no es perfecto, se acerca mucho y mis ojos lo aprecian. Déjame mirarte una vez; para siempre. Miraré a través de tu mirada café y conoceré a ese hombre que también es niño, veré tus pensamientos y hasta podré escuchar tus deseos.

Pero no te ocultes, quiero pasar el día entero conociendo tu forma, trazando tu sombra en la pared, mis ojos recorrerán los caminos de tu cabello y si pones atención podrás sentir el peso de mi mano, paseando en tu cabeza.

Déjame mirarte siendo solamente tú, mirar tu alma y la inocente bondad de ella, mirar tu mente y sorprenderme con el contraste carmín.

Rociaré destellos de luz con cada parpadear, sólo porque allí estás, sólo porque tu presencia ya es agradable a los ojos de cualquiera. Te miraré hasta completar pinturas de paisajes desérticos, con los tonos de tu piel. Déjame mirarte cuando ríes, porque cuando lo haces, cambia la luz en esta visión etérea.

Contemplaré los caminos que trazas con tus pasos y los seguiré con mis ojos, hasta llegar a tu rostro, clavaré mi mirada en la tuya, hasta que no puedas desviar tus pupilas y miraré el universo entero que guardas en ellos, me visualizaré en un punto de él y allí me quedaré.

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Porque puedo vivir dentro de los mundos enteros que llevas dentro, reinaré en aquél mundo palpitante, que no logra controlarse cuando te miro.

Desnudaré mi visión perfecta, porque de no hacerlo estaría aceptando que te ocultes. Déjame mirarte porque mirándote en como inmortalizaré la visión más hermosa de todas; tú.



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