Verdaderamente me gustaba complicarme la vida. Pareciera que anduviese por la vida buscando meterme en líos. Todo lo importante en mí era un completo caos; mi vida, mi cabello, mi recámara, mi bolso y sobre todo… mi corazón. Fallaba una y otra y otra vez en el amor y aun así persistía, pues sigo creyendo que el verdadero amor lo encontraré algún día.

En algún momento me hirieron de tal forma que cerré mi corazón y sí, tontamente me prometí que no me volvería a enamorar. Pero yo vivo enamorada; de la vida, de las letras, la música y la poesía, prometerme tal cosa era una vil tontería.

Aun así me congelé. La mujer cursi, detallista y amorosa empacó sus cosas y se marchó. ¡No me volví cruel!, simplemente decidí dar a cada quien lo que mereciera y no regalar sonrisas a cualquiera. Y así continué vagando por la vida, sintiéndome orgullosa de mi misma. Ahora a ningún chico le era fácil el acercarse, ponía tantas murallas que su mejor decisión era alejarse y eso me ayudaba a darme cuenta quien valía la pena en realidad (al final ninguno logró acercarse lo suficiente).

 

Y sin buscar ni esperar apareció el tipo de hombre en el que jamás me hubiese podido fijar.

En primera, porque estamos ligados laboralmente y siempre ha sido una de mis reglas: no amigos, no compañeros de escuela, no compañeros de trabajo, ex novios, ex pretendientes o lo que sea de mis amigas para involucrarme sentimentalmente. Y justamente él estaba en esa lista. En segunda, porque conocerlo es un tanto complicado, nos separan kilómetros y kilómetros de distancia, la única forma de contacto es a través de los malditos aparatos. Y en tercera, porque su forma de ser es tan arrogante que los primeros días me pareció un tanto desquiciante. Tan serio, tan formal, tan recto y tan delirante.

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Y a quien no le ha pasado que precisamente lo que no le gusta es lo que después quiere, ¿a quién?, puedo asegurar que a la gran mayoría le ha pasado. Y muchas veces pasa porque dicha persona nos parece un reto. Un reto bastante complicado pero resulta que lo complicado siempre atrae más. Y entonces en el esmero por ganar terminas enganchado a dicha persona en la que jamás creíste poderte fijar. Y así me sucedió, tal cual…

Sin poder precisar el día y es que todo ocurrió tan aprisa ahí estaba yo, molestando a todas horas del día al chico que me atraía. Con los días noté que en su arrogancia se encontraba un ser carismático. Un tanto gruñón y muy reservado. Un hombre misterioso y muy educado, realmente intimidante. Inteligente, muy callado y aunque parezca mentira era sumamente amable y servicial. ¡Todo un estuche de monerías!, sin vicios, ni compromisos y su única relación establecida es con su trabajo. La edad perfecta y en su cabeza alberga mil sueños y metas. ¿El hombre ¨perfecto¨, cierto? Aunque en realidad él tiene un pequeño defecto… es como un tempano de hielo.

La atracción mental es mucho más fuerte que la física, porque de una mente no te libras ni cerrando los ojos

Es sumamente atractivo. No tanto mi estilo pero guapo, de esos guapos que te dejan babeando al verlos. Y no es por ello que me he fijado en él. Su forma de pensar, de decir, de hacer siempre me deja intrigada. La atracción mental que ha ejercido sobre mí, verdaderamente me provoca insomnio. Aunque no es alguien que hable mucho cada una de sus letras hacen eco en mi cabeza. Basta que platiqué con él para que se me dibuje una tonta sonrisa en los labios. Y al terminar el día siempre me deja pensando.

Su forma tan ¨diferente¨ de ser es lo que me ha atrapado. ¡Me gusta como hace mucho nadie me había gustado! Pero está muy lejos de ser una realidad y es que en mis intentos por quererme acercar, he descubierto sus gustos y aquello tan ajeno a mí que le ha de enamorar.

Y aun así persistía, consciente de que nunca le enamoraría. Me gusta estar en su compañía, hablar con él cosas laborales y tonterías que lo hagan reír (mis intentos por descongelarle). Y aunque no lo tuviese frente a mí y le conociera tan solo por fotografías, podía imaginarme sus ojitos y como se mira esbozando una sonrisa.

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No éramos nada, pero en mis sueños lo habíamos hecho todo

Él era contraste a lo que yo soñé, pero su mundo, su cabeza y su silencio me hacían enloquecer. Ahora últimamente se encontraba en mis sueños. Incluso en los más perversos. Mis fantasías tal vez nunca podrían ser realidades, pero disfrutaba mucho el soñarle. Por fin lo tenía frente a mí. Le podía ver, tocar y oler. Escuchar su voz y su respiración. He podido besarlo, probar el sabor de sus labios. Inclusive le he hecho el amor, a deshoras y en ocasiones en mi habitación. Una dulce droga que incita placer. Un amor platónico que nunca realidad ha de poder ser. Mientras el papel de ¨amiga¨ me dedique a obtener.

Quisiera decir que pronto saldrá de mi mente. No me hace daño pues las alas él no me las ha dado. Me gusta lo que me hace sentir, algo diferente a lo que me ha hecho sentir el resto de la gente. Me sigue intrigando todo aquello que calla, los sueños que esconden su almohada. Me inquieta el quererlo conocer, pero me aterra no ser aquello que él cree merecer.

Si tan solo pudiese ser un poco más valiente, confesarle que no sale de mi mente y me permitiera conocerle. Pero sé que solamente lo alejaría, como en estos últimos días en que no ha habido comunicación.

Sea cual sea el tipo de amor, siempre pone el mundo en revolución. Y aquí estoy complicándome la vida una vez más, por alguien que lo más probable nunca me dé una oportunidad, alguien que ni sabe lo que me hace sentir, alguien que apenas sabe de mí existir. Aquí estoy escribiéndole unas líneas a él, quien probablemente no me ha de leer.

Autor: Stepha Salcas



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