He aprendido de la peor manera, que de todas las personas que forman mi historia, sólo muy pocas van a pertenecer a mi lado el resto de mi vida. ¿Y por qué lo digo? Bueno, podría ser pura lógica y sentido común, pero es que realmente los que puedo llamar amigos, son muy pocos. Y es muy fácil distinguirlos, porque ellos están me escuchan, me apoyan y están siempre para mí, tanto en los buenos como en los malos momentos.

Y no es que ellos traigan un cartel en la frente que diga: soy buen amigo. No. Es algo que he tenido que ir descubriendo poco a poco. De hecho, ellos mismos me han ido demostrando quién sí y quién no lo es. La verdad, es que no soy muy socialble, y prefiero tener pocos, incluso, hasta uno solo, pero que sea un verdadero amigo y que nunca me traicione. Porque personalmente, me he topado con mucha gente falsa e hipócrita en mi vida. Gente que me da su mejor carta de presentación, que me muestra su mejor cara convenciéndome de que realmente son así, aunque con el tiempo descubra que son de otra manera. Y regularmente, demasiado tarde, cuando he confiado demasiado en ellos y me han clavado puñaladas por la espalda.

Si algo he admirado siempre, es la sinceridad, ya que no sé vivir de otra forma. Me gusta mortrarme siempre ante los demás tal y como soy, sin caretas, sin falsedad, sin apariencias ni falsas intenciones. Pero el que yo sea así, no evita que exista gente que prefiera ocultarse, hacer daño y aprovecharse de los demás. Gente que nos hace creer que son fiables y cuando menos lo esperamos, nos traicionan. Que frente a nosotros dicen una cosa y por derás otra. Que vienen y nos hablan mal de los demás y después está con ellos como si nada. Que nos critican por la espalda y por delante nos ponen buena cara. Gente de doble moral, mentirosa e infeliz que vive engañando. Que jamas te elogiarán, si esa alabanza lastima su ego. Que nunca reconocerán ni aplaudirá tus logros porque la envidia los incapacita a creer que existe alguien mejor que ellos.

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Es una lastima que existan personas que tengan que recurrir a este tipo de actitudes simplemente, porque no se aceptan como son, y por consecuencia, no son felices. Realmente me producen bastante pena, porque al final, tarde o temprano, salen perdiendo, se les acaba descubriendo cómo son realmente y se quedan solos, auto-compadeciéndose, maldiciendo al mundo entero por no aceptarlos como son.

Y efectivamente, yo tampoco acepto, mucho menos quiero en mi vida gente falsa e hipócrita que lo único que espera es verme caer, pero no para recogerme, sino para saborear el momento. No necesito a nadie a mi alrededor que sólo quiera verme mal, criticarme o traicionarme. No quiero a alguien que esté listo para juzgarme cuando me equivoco. De gente que sólo sabe herir, yo sólo quiero distancia.

Sé que no hay formulas mágicas que me impidan volver a tropezar con personas, así en mi vida, pero al menos quiero aprender a valorar más a los verdaderos amigos, los que me quieren, me respetan, en los que confío, los que siempre estan ahí cuando los necesito.

Autor: Karla Galleta



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