El matrimonio es algo bastante lindo, que se vive con pasión y romanticismo, y además implica un compromiso muy grande, pues, si te fijas bien, estás prometiendo amar, cuidar y respetar a esa persona por el resto de tu vida, y eso puede significar 20, 40, 60 años o hasta más.

Pero casarse con la persona de tu vida no es solamente dormir juntos, despertar cada día y darse un beso matutino o hacer el amor cada noche. Claro, el matrimonio implica todas estas cosas, pero va más allá: es un compromiso muy grande que te exige dejar de lado tu ego y aceptar que no siempre tienes la razón, que no puedes tomar tú todas las decisiones y que ahora tienes que compartir una responsabilidad con alguien más, y eso implica que de vez en cuando tú debes cuidar a esa persona, pero también, en ocasiones, deberás dejar que esa persona te cuide a ti.

Una vez en el matrimonio, habrá ocasiones en las que te sientas furioso y se te atoren mil y un cosas en la garganta, pero tendrás que aguantártelas y callarte porque si hablas podrías herir a tu pareja. Más vale un silencio prudente a regarla diciendo lo que no debías y tener que rogarle perdón después, pasando de sentirte furioso a sentirte muy avergonzado.

En el matrimonio tendrás que hacer espacio para actividades que quizá no te agraden, todo por complacer a tu pareja. Y es que tú querrás también que hagan lo mismo por ti. Recuerda: reciprocidad y cero egoísmos son la clave. El matrimonio no sólo son besos, abrazos y caricias, también es mucha comunicación y recordar que para evitar desengaños y desilusiones, siempre hay que hablar con la verdad, por más dolorosa que esta sea. Más vale una discusión a tiempo por algo que no le guste a nuestra pareja que una ruptura definitiva porque se dio cuenta que se lo ocultábamos, que le mentíamos. El matrimonio no sólo es alegría y dicha, también son problemas cotidianos, pero es saber que el amor siempre será superior a cualquier obstáculo que se presente.

Para saber si vas a contraer matrimonio con la persona correcta, piensa: ¿elegiría a esta persona para pasar el peor de mis días? Si es así, entonces es la indicada.

A final de cuentas, date la oportunidad de crear tu propia definición de matrimonio, una que se adapte a las necesidades, fortalezas y debilidades de tu relación de pareja. Y recuerda siempre que lo más bello de estar casado son los pequeños detalles, como por fin tener quién te rasque la espalda si tienes comezón. ¡Feliz matrimonio si estás casad@ o estás próxim@ a casarte!

Autor intelectual: Teresa Donoso



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