Simplemente disfrutas, y, sobre todo, vives. 

Por qué nos empeñamos en buscar el amor donde sabemos que no va a ser saludable. Sé a ciencia cierta que yo seguramente sea de ese tanto por ciento no saludable para nadie, que me niego a ser de las que cambian su forma de ser, sólo por el hecho de agradar a otra persona, pero también sé que mejoro por quien se lo merece; por quien me haga volver a sentir tan viva que me cueste dormir por las noches.

El problema de todo esto es que personas que sentimos así nos auto engañamos pensando que el resto se enamora de la misma manera. Por desgracia hay gente que aún estando enamorada siempre tiene esa “espina” clavada de pensar que les espera algo mejor, o que simplemente se les esperará. Sin duda, soy de las que más paciencia tiene cuando de amor se trata. Pero desde hace días no dejo de pensar en los que han tenido paciencia por mí y, al final, he sido yo la que les ha acabado dando la espalda.

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Lo que quiero decir con esto es que cuando de verdad sientes lo que hay que sentir no haces esperar nada, no echas un pulso cabeza corazón, sabiendo que la cabeza lleva las de ganar. Con esto solo vuelvo a recordarme, una vez más, que soy una auténtica soñadora realista.

Para que me entiendan, vivo más soñando que estando despierta, porque me encanta tener motivaciones e ilusiones por las que merezcan la pena vivir; pero jamás pecaré de ciega, o de tonta, buscando imposibles que me mantengan en un estado de tristeza permanente.

Soy de las que buscan la sonrisa día sí, y día también. Porque no hay nada más bonito que alguien se enamore de tu alegría. Y últimamente, sonrío más que nunca.

Y lo más extraordinario es que no se lo debo a nadie. Porque ya soy libre.

 

Artículo por Lina Jaramillo



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