Hay días en los que sin saber porque, amaneces sintiéndote triste, tal vez solo, tal vez con las ilusiones rotas; hay días en los que hasta la fe te falla y dejas de confiar en todos, pero lo más triste, es que dejas de confiar en ti mismo.

Sé que también a ti te ha pasado, tu ánimo también ha  decaído algunas veces, tú también como yo has tenido miedo, has pensado en rendirte, en renunciar a tus sueños, en dejar de luchar. Muchas veces   dejamos que el miedo domine nuestra vida, que mine nuestros anhelos, que nos estanque en las dudas y después en el arrepentimiento. Yo como tú, he desperdiciado el tiempo en ridículas banalidades e inseguridades.

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Pero, creo a ciencia cierta que nuestro mayor miedo no es a no ser como todos esperan, a encajar con el protocolo; creo que  nuestro mayor miedo es a nosotros mismos, a nuestra propia fuerza.

 “Es nuestra luz y no nuestra  oscuridad lo que tanto nos asusta, lo que nos paraliza

Debemos dejar de temer a nuestra grandeza, a nuestra amplia gama de posibilidades, debemos aprender a  manjar  nuestra desmesurada fuerza,  dejar de tratar de pasar desapercibidos ante el mundo, dejar de ocultar nuestro brillo por miedo a opacar a otros, debemos tener claro que cuando brillamos, alumbramos el camino de otros, que cuando dejamos escapar nuestra luz, comenzamos a disfrutar de la vida, comenzar a disfrutar de la felicidad.

  

 

 

Recuerda que la felicidad se contagia, que la felicidad también inspira.

Así que cuando uno de esos días aparezca, no te rindas, no le des espacio para que gane la batalla, la vida es así, llena de momentos buenos, pero infaltable de momentos malos; tenemos dos opciones; resignarte y dejar que la tristeza y la desesperanza te agobien, o tomar las  riendas de la situación, levantar la mirada y luchar con fuerza para superar los obstáculos.

Así es esto de vivir, muchas veces la vida nos golpeará con fuerza, pero aun así debemos de seguir avanzando, sin desistir, sin rendirse, solo así es como se gana.

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Si un día de eso malos llega, negocia con tu mente, no te des por vencido, da el corazón en todo lo que hagas, lucha y atrévete  a ser feliz.

Y por favor nunca olvides de vivir el aquí y el ahora, de apreciar las pequeñas cosas.

Porque  la felicidad es un trayecto y no un destino.

 

 



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