Llega el día en nuestra vida en el que encontramos por primera vez a esa persona especial que nos hace tener miles de sensaciones en el estómago, que nos cosquillea el corazón y cuya mirada se compenetra con la nuestra como si nos conociéramos desde siempre, como si nuestros espíritus estuvieran conectados por un hilo místico y por eso estuviéramos destinados a encontrarnos. Algunas personas le llaman el alma gemela; otras, la media naranja. Yo simplemente le llamaré casualidad. Así es, llega un día en la vida en que nos topamos con una casualidad, y si a ti no te ha pasado, te pasará.

Esa hermosa casualidad es como una sombra que te tapa del sol, como una lluvia que llega cuando hace más calor o, más aún, como encontrar un manantial en un desierto. Es un encuentro de sabores y colores que se combinan para dar forma a una ilusión que se puede oler, comer, ver, tocar y oír. Cuando encuentras a esa persona especial, simplemente quieres saltar de alegría, y piensas que ya no hay nada en el mundo que te detenga para conseguir tus sueños. Cada beso, cada abrazo, cada caricia son tu motor para salir a luchar día a día, y, cuando todo va mal, sabes que tienes a alguien que te espera para consolarte, para decirte que ya pasará, que cuentas con él y que no debes temer.

No hay nada más valioso que tener a alguien a quien tenderle la mano, que nos la tome con fuerza y saber que no nos soltará jamás. Cuando encuentras algo así, sabes que no debes dejarlo ir. Todos hemos vivido este tipo de historias, y los que no las han vivido, las vivirán algún día: historias que te marcan de por vida, que dejan huella en tu corazón y que, pase lo que pase, jamás podrás borrar. Por eso hoy quiero agradecerte a ti, mi hermosa casualidad, mi coprotagonista de esta historia, por haber llegado a mi vida, por haberme dado un pequeño gran pedazo de felicidad y por permanecer a mi lado en las buenas y en las malas. Me encanta saber que, de entre tanta gente y tanta Tierra, tú y yo coincidimos, y que nos conectamos de una manera que jamás imaginamos. Por eso y mil cosas más, gracias, mi pequeño e infinito amor.

Autor intelectual: Hanna Castelruiz



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