Creo que espere demasiado, creo que te di más tiempo del necesario para haberme dado cuenta que no eras el hombre que buscaba y que tampoco me darías el trato que merecía, quizás sea que en el fondo tenía miedo de afrontar la vida sola, porque te ocupaste muy bien de hacerme creer que nada podía hacer sin ti, que era incapaz de salir adelante con mis hijos sola y que no me quedaba de otra que aguantar tus maltratos psicológicos y agachar la cabeza cada vez que te ponías a hablar, sin poder dar mi opinión sobre nada y cuando por fin podía decir lo que pensaba simplemente me ignorabas.

Ese no era el plan que me contaste para nuestro futuro cuando nos conocimos, me llenas te de historias hermosas, haciéndome creer que eras un caballero y yo simplemente te creí, después de poco tiempo llego nuestro primero hijo, y yo no podía ser más feliz, pues sería un pedacito tuyo y mío, y juntos lo disfrutaríamos y educaríamos, ¡oh, pero resulto ser niña! Y ese fue mi primer error, que cretino eres pues ni siquiera sabes que el género de un bebe lo define la semilla masculina y no la de la mujer, pero decidiste culparme por no haberte dado un “heredero”, ¿heredero de qué? ¿De tus maltratos, de tu indiferencia?, pero creí que solo era una molestia pasajera y que pronto volverías a ser cariñoso como antes.

Decidí darte otro hijo, para ver si esta vez teniendo lo que buscabas eras feliz, creía que para ti la familia era tan importante que de alguna manera te frustrabas al no verla como la habías imaginado, y nuestro segundo hijo llego, ¡por fin un varón como tanto querías!, pero tus maltratos no cesaron, incluso se hicieron mayores y más constantes y ahí comprendí que había cometido un error al darte dos hijos y esos años de mi vida que nunca recuperaré, pero habías hecho muy bien tu trabajo de amedrentarme, de amenazarme y de atemorizarme, a tal grado que me creía inútil de verdad, creía que si te dejaba mis hijos y yo nos moriríamos de hambre como tantas veces lo afirmaste, fue por eso que me tomo tanto poder tomar esa decisión, pero al final la convicción de que mis hijos no fueran educados por un idiota como tu pudo más que mi miedo y actué.

Aún recuerdo ese pasillo que me parecía eterno, mis lagrimas bañadas en silencio, difuminaban mi vista, mis sentidos estaban aturdidos, todo se resumía en un inmenso dolor en el pecho, que me asfixiaba presionando mi corazón, sentí por un momento que me desmayaría, pero logre obtener fuerzas en mi flaqueza para continuar, un paso y después otro tomé de la mano a mis hijos y seguí caminando, sentía que cada paso que daba era un temblor, me fui acercando a la puerta, sin poder detener el torrente de agua salada que emanaba de mis ojos, estaba temblando de miedo, de incertidumbre, de tristeza.

Pero hoy lo único de lo que me lamento es de no haberme ido antes, de haber creído en ti a pesar de tantas pruebas que me diste de tu desamor, no me arrepiento de mis hijos, los amo y son lo mejor de mi vida, pero me hubiera gusto dárselos a un hombre de verdad, que los amara, los protegiera y los educara con amor, pues sé que no tener a un padre te crea una educación incompleta y te llena de ciertos traumas que cuesta bastante superar, pero lo prefiero a que vean un mal ejemplo todos los días de una familia llena de violencia, odio y falta de respeto mutuo.

Al final comprendí que cuando te das cuenta de que estas en el lugar incorrecto, es momento de volar.

Autor: Sunkwolf

 



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