Cuando te conocí, supe de inmediato que íbamos a conectarnos de una manera especial. Y soñé. Soñé con que nuestro amor duraría para siempre. Soñé con que nuestros lazos serían tan fuertes, que nada ni nadie podría romperlos. No lo niego, a tu lado fui feliz, al menos al principio, y no había nadie en este mundo que pudiera borrarme esa sonrisa del rostro.

Pero comenzaron los problemas. Al principio creí que yo pecaba de celosa, y traté de calmarme. Pero tu conducta me decía que definitivamente había algo sospechoso. Tus llegadas tarde, tus enojos cuando te pedía una explicación, las llamadas que preferías contestar lejos de mí, el tiempo que apagabas tu celular para que no pudiera contactarte. Tus negativas a hacer el amor, y ese día que llegaste oliendo a perfume de mujer que no era ninguno de los míos.

Al fin, decidiste confesármelo, estabas enamorado de otra, y la frecuentabas mucho. Sí, me engañabas, ya no podías más y decidiste abandonarme. Me dejaste sola cuando pensé que lo nuestro iba a prosperar, cuando pensé que cualquier problema que tuviéramos lo podríamos resolver con el poder del amor.

Desde entonces una fuerza indescriptible me consume por dentro. Es como si yo fuera otra. Ya no tengo la misma vitalidad de antes, ya no soy la misma chica extrovertida que reía todo el tiempo, que salía con amigos, que contaba chistes, que le sacaba carcajadas a medio mundo con su sentido del humor. Siento como si estuviera hundida en un pantano del que no puedo escapar, y, peor aún, del que no quiero escapar.

No tengo fuerzas para levantarme de la cama; al principio no paraba de llorar, pero ahora siento que ni siquiera tengo ánimo para continuar el llanto, pues mis lágrimas se han secado. He estado faltando mucho a la escuela, siento que puedo perder el posgrado.

Mi memoria sólo tiene una imagen recurrente: tú. Y fantaseo. Fantaseo con que las cosas vuelven a estar bien, con que tú regresas y me pides perdón, y yo te disculpo y volvemos a ser felices. Pero en el fondo sé que eso nunca va a pasar, y yo sola me compadezco y luego te aborrezco, me digo a mí misma cuánto te odio y cuánto me odio por amarte a la vez.

¿Por qué? ¿Por qué tenías que abandonarme justo cuando yo tenía tantas ilusiones plantadas en lo nuestro?

Autor intelectual: Lluvia Márquez



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