A lo largo de muchos años me he preguntado por qué nunca he sido la mujer que todos los hombres buscan, la primera opción, la indicada, la que todos desean por encima de cualquiera. Mis respuestas eran variadas: quizá no era tan bonita como ellos esperaban, quizá no me vestía como a todos les gustaba, quizá porque no me maquillo demasiado, quizá mi cabello, quizá mi forma de hablar… Sólo falsas excusas para justificar mi falta de suerte con los hombres.

No suelo ser ese tipo de mujer que, si el chico no las invita a salir, se quedan todo el día encerradas en casa. No suelo ser la chica que espera que él pague la cuenta, o que me abra la puerta del coche o que tenga que rogarle para que haga algo por mí. Nunca fui esa princesita en aprietos que necesitaba ser salvada por un príncipe caballeroso y fuerte, ni la niña ilusionada que esperaba desesperadamente un amor.

Siempre he sido autosuficiente; no me gusta depender de nadie para estar bien. Me gusta leer un buen libro, beber cerveza, ver el fútbol o poner música y cantar a todo pulmón. Me gusta dar mi opinión cuando se presta la ocasión y participar en discusiones interesantes con amigos, en la escuela, en el trabajo o con la familia. Si algo me parece injusto, me gusta alzar la voz. No soy la clase de chica que espera algo de los demás, mucho menos de los hombres. No busco desesperadamente a alguien, pues no quiero que mi vida, mi sensualidad ni mi economía caigan en manos de alguien que no sabe cómo sujetarlas.

Si tú eres una mujer como yo, seguramente te has fijado cómo los hombres te rehúyen. Y es que eres una mujer que le gusta comerse al mundo, y eres también como un tornado que pasa y deja consecuencias a dondequiera que va, y eso les causa pavor a ellos, porque no te pueden controlar.

Eres una mujer como las que quedan pocas, valiente, tenaz, de carácter poderoso, que le gusta pisar fuerte y dejar huella a dondequiera que va. Eres hermosa de pies a cabeza, inteligente, con voz propia, te gusta luchar por tus ideales y seguir tus sueños, y nunca te rindes por más fuertes que sean los vientos en tu contra. No cualquiera llena tus expectativas como pareja, y no es que seas exigente, es simplemente que necesitas a alguien que esté a tu altura para luchar a tu lado y triunfar.

Los hombres te temen, ¿y qué? Te has dado cuenta que no es tan bueno ser la mujer que todos desean, porque tú no eres sólo una linda cara, no. Eres una mujer auténtica, y eso vale más que tener mil hombres detrás de ti.

Autor intelectual: Juliana Lagarrigue



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