Una vez más me siento en un valle sin salida, me encuentro en un laberinto que no tiene salida y que yo mismo construí. Yo mismo tendí mi propia trampa, yo fui mi verdugo que puso la soga en mi cuello, misma que no provocó mi muerte pero si me asfixia en cada instante.

Gran parte de mi mundo se resumía en tu persona, eras mi gran amigo, contigo compartía todo, lo bueno, lo malo y lo peor, siempre estas para mí y yo para ti, sabía que te quería pero no tenía claro a qué grado.

Siempre íbamos de la mano a todos lados, muchas personas juraban que lo nuestro no era una relación de simples amigos, todos decían que éramos algo más, pero no nos dejábamos corromper, teníamos bien claro que éramos los mejores amigos, pero… un día te besé, ¿lo recuerdas?, de repente no lo pude evitar, solo te vi, te pedí que cerraras los ojos y junte tus labios con os  míos, nos pusimos nerviosos como adolecentes, cuando retomaste el aliento, me pediste que fuera tu novia, acepte, pero instantes después de retracté.

 

alone

Tenía miedo de que nuestra perfecta amistad se echara a perder con el titulo de noviazgo, no lo entendiste del todo pero lo aceptaste.

Días después te llamé y me dijiste que no podías estar más conmigo, pues te sentías falso, la verdad era que si me querías bastante como para llamarme amiga por siempre, te pedí que recapacitáramos, que lo habláramos pero me dijiste que ya era tarde. Esa fue la última vez que hable contigo.

Si lo nuestro siendo novios iba a funcionar o no, es algo que ya no lo sabré, pues me dejaste muy claro que no eras de mitades, contigo o todo o nada, tal vez si no te hubiera besado no te hubieras animado a pedirme que fuera tu novia, tal vez eres el amor que sabes siempre pedía.

Y ahora… solo me queda recordar “cuando éramos amigos”



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