Hay una palabra que a todo mundo nos cuesta, nos asusta, nos marca…

Hay veces que quema el pecho por guardarla… decir adiós, nunca será fácil, pues es además ponerle punto final a una historia, cerrar ciclos, cerrar la puerta al pasado, a lo que alguna vez, formo parte de nuestra vida.

El adiós, ese sentimiento de grita con fuerza que todo ha terminado; el adiós, ese que duele, pero con sabiduría y al paso del tiempo, también cura.

Decir adiós es también un nuevo comienzo, una oportunidad de la que al principio dudas, y es que es verdad que un adiós nunca será fácil, sin embargo, hay despedidas necesarias, historias que acaban porque no hay manera de continuarlas.

adios amor

Uno siempre sabe cuándo es necesario partir, o con el dolor que implica dejar partir, a veces es necesario retirarse con el corazón hecho trizas, abandonando los recuerdos, las sonrisas, a veces es necesario decir adiós para salvarnos de perdernos, para salvarnos de un mal final, a veces es necesario anteponer lo correcto ante lo que dicta el sentimiento.

  

Hay despedidas que no quieren marcharse, pero deben hacerlo, por la necesidad de no provocar o provocarse heridas, hay despedidas sensatas, que no se van por cobardía, que se marchan con plena conciencia de saber que es la decisión correcta, cuando hay razones de sobra para decir adiós.

fin

Hay despedidas que no comprendemos, que cuesta aceptar, que son difíciles de superar, despedidas insensatas  que se manifiestan en palabras baratas, en razones insuficientes, en tonterías, despedidas que dejan a un corazón suicida que no acepta la partida que se marcha por cobardía.

Lo que sí es seguro, es que el tiempo cura todo, pero cuando el adiós arde y es indomable, siempre andará en busca de un culpable.

 



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