Justo ahora cuando creí que teníamos “algo” te alejas… Sin decirme, sin motivos, sin excusas y sin un adiós. Ni siquiera un por qué. Justo cuando te estaba queriendo, cuando te estaba pensando más…

Y yo que creí que era especial para ti, yo que creí que aquellas llamadas a las 7 am eran porque me querías, los mensajes a medio día, las risas, los piropos, los “te quiero”, pero hoy, me doy cuenta que todas esas palabras, todas esas pequeñas acciones no valen nada cuando la persona no lo da todo.

Yo no quiero cosas a medias, dije. Yo no quiero salir lastimada, vuelvo a decir, y ahí estabas tú, con tu perfecta sonrisa, con ese algo que me hacía querer más, con esa vibra que me hacía mejores los días y mejores mis sonrisas. Ahí estabas tú siendo uno de los motivos de mis sonrisas, de mis pensamientos o de tararear una canción de amor.

No te preocupes. Estoy bien, siempre lo he estado.

Esto no es nada comparado a lo que he vivido, y por lo mismo sé por dónde va la cosa.

Estoy bien y estaré mucho mejor, porque lo voy estando, porque estoy en una etapa de mi vida donde sé lo que merezco, lo que quiero y deseo, y sé que quiero a alguien que se juegue todo por mí.

Debo decirte algo que tal vez no sabías pero que asumí: Odio las mentiras. Y aquí estás tú de alguna manera con ellas, omitiendo o ignorando o siendo indiferente, créeme, es lo mismo.

No te doy las gracias porque en realidad no hiciste mucho, sólo ilusionarme por momentos y alejarme de un golpe, aunque pensándolo bien, sí, sí tengo algo que agradecer, haberme hecho sonreír por momentos, y haberte dedicado un pedazo que aunque fue corto fue parte de mi vida, y sobre todo gracias, porque gracias a ti, me di cuenta que así como él en su momento lo fue todo y creí que no lo olvidaría.

Llegaste tú y ahora me queda claro, que las personas se olvidan, los momentos pasan, los recuerdos quedan, pero la vida sigue.

 

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