Consejo para todas las chicas que están enamoradas del amor

Muchas mujeres, pasan gran parte de su vida, esperando conocer al hombre de sus sueños, ese hombre que las haga tambalear, enamorarse al punto de perder la cordura y ser capaces de todo en nombre de ese amor pasional.

Sin embargo, tal parece que la modernidad ha terminado con ese tipo de hombres, los galanes que ante todo eran caballerosos, esos que como en las películas, robaban suspiros tan solo con una mirada. Es triste darse cuenta que cada vez es más difícil encontrar a ese hombre que toda mujer merece.

Pero ahí no acaba todo, el problema se vuelve transcendental, cuando se pierde el sentido de la realidad, con un poco de desesperación al notar que ese amor de película se tarda en llegar, hay mujeres que prefieren vivir enamoradas del amor, de la idea romántica que se han ido formando a lo largo de los años, esa idea del fantástico compañero que tienen que encontrar a como dé lugar.

Y es ahí, cuando ese deseo de experimentar un amor de tales magnitudes, hace perder de vista la realidad,  ocurre que aun  con todo el esfuerzo, no logran sentir amor de verdad… ¿Lo peor? Están enamoradas  del amor,  pero tarde o temprano les tocará despertar en una cruda realidad; cursilería barata o en el peor de los casos… conformismo de estar por estar.

Todo se vuelve aun peor, cuando la sociedad comienza a presionar, ¿por qué sigues sola? ¿Qué estas esperando? No falta aquel personaje imprudente que te cuestione por ser tan exigente.

Constantemente se escuchan consejos que aunque tienen buenas intenciones, no son siempre los correctos:

“Confórmate con encontrar a un hombre bueno, uno que te quiera, y agradécelo”

Creo que al final, siguen siendo patrañas, y lo peor del caso, es que terminan por creerlo. Entonces la vida toma otro rumbo, dejan de soñar con el amor de cuento  y comienzan a creer que es mejor aceptar el amor de cualquier hombre bueno, ese que sea cariñoso, trabajador, un buen proveedor.

Ese que pueda cumplir cabalmente con el sueño del vestido blanco, la fiesta, y el maravilloso viaje de bodas.

Hasta ahí todo parece bien, pero resulta que cuando la emoción del momento pasa, se descubren a las pocas semanas, con un vacío que no se alcanza a llenar con un papel firmado, descubren que se conformaron con cumplir con lo que la sociedad marca.

Este es el punto de todo, esas mujeres se han casado alegando estar enamoradas, y sin embargo no tienen idea de lo que significa la palabra “amar” forman parte del gran porcentaje de mujeres que aparentan vivir en plenitud, pero que cuando les preguntan si son felices, solo pueden contestar:

“Tuve suerte de encontrar a alguien que me quiere de verdad”

La realidad es que se sienten frustradas por haber  renunciado a la suerte de conocer a ese hombre que despierte su pasión, ese que roba suspiros, que corta la respiración.

Y es que creo, que tarde o temprano ese amor está destinado a ocurrir, podrían pasar muchos años, pero, sin duda llegará el día en que menos se lo esperen. Caerán en la cuenta de que por impacientes, por la prisa de descubrir el amor; será necesario disimular ese sentimiento que nada tiene que ver con lo que sienten con quien está a su lado.

Si me pidieran un consejo; yo les diría que no hay prisa, que el peor error del ser humano es pensar es caer en el conformismo de estar con alguien por estar; el amor debe sentirse, calar hasta los huesos; el amor real es inconfundible, no se puede disimular. Cuando amas, sabes que amas totalmente, no sé puede amar poco, o amar mucho; se ama o no se ama, sin puntos medios.

Así que yo sugeriría que si están a punto de unir sus vidas a alguien más, se replanten algunas preguntas y contesten con honestidad.

¿Se aman de verdad?

¿En verdad es él, el hombre que te roba el aliento?, ¿el que te hace construir sueños, pensar en una historia que no tenga final?

¿De verdad vale la penas compartir tu tiempo, compartir tu vida?

Debes claro que estamos de paso, que hay que elegir muy bien, con quien complicarnos la vida, dar el todo sin pensar en las consecuencias

Y es que nada se compara con ese beso que te invita a conocer el cielo, esa magia que se siente cuando amas de verdad.

Basado en el análisis de Dante Gebel.

 



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