En definitiva no ha sido fácil, pero es cierto que a través de los años, las mujeres hemos ido escalando peldaños para colocarnos a la par de los hombres en  las distintas facetas de la vida; sin embargo, a pesar de los avances y adelantos, seguimos viviendo en una sociedad dominada por el machismo y la discriminación.

Muchas veces me he replanteado la idea de un mundo en el que el machismo no prevaleciera, por supuesto es cuestión de cultura y de educación, pero aún no es suficiente, aún nos falta mucho para lograr una verdadera igualdad, dejar de lado los extremos para actuar con coherencia.

mujeres libres

Sería extraordinario que las palabras machismo y feminismo fueran borradas del diccionario, que  realmente  pudiéramos entender que lo que hace mover al mundo son las capacidades intelectuales, las ganas de hacer las cosas, las ganas de progresar y de crecer. Si esto se comprendiera, podríamos vivir en un mundo armónico, un mundo que no juzgue, que no discrimine, que no derogue, un mundo en el que todas las personas tuvieran las mismas oportunidades  para triunfar.

Sé que suena a utopía, pero creo que no es imposible lograrlo, debemos seguir imponiéndonos contra el sistema que nos coloca como individuos manipulables, dejar de caer en la trampa de aceptar ser objetos sexuales,  máquinas para procrear, el medio perfecto para preservar la especie, sin ninguna otra capacidad, sin ningún otro fin.

Sí, creo que en la mayoría de los casos, el problema radica en la mentalidad que se ha inculcado en los hombres, ellos que no valoran, que siguen estancados en su pensamiento cavernícola que los limita a ver más allá de su nariz. Desafortunadamente hay por ahí muchos  hombres que no reconocen nuestras capacidades, nuestra fortaleza, nuestra inteligencia, nos derogan, nos humillas, creen que tiene el poder para pisotear nuestros sueños, nuestra dignidad

sumisa

Tal pareciera que estoy hablando de una época antigua, pero esta es la realidad, seguimos viviendo en una sociedad que nos complica la vida, que nos llena de desesperanza, que nos limita a soñar.

Pero, habrá que  aceptar que no todo es culpa de ellos, mucha culpa es también nuestra, sonará raro, pero hay muchas  mujeres  que caen en el juego de ser machistas, heredan la creencia de que es el hombre quien dirige, quien domina, es ella quien cría mujeres sumisas y hombres arrogantes.

También es machista, aquella mujer que no lucha por sus derechos, que se deja humillar, que no se atreve a cambiar su realidad.

gril

Y es que hombres y mujeres somos extraordinarios en igual grado; somos similares en nuestros deseos de grandeza, en nuestra capacidad de amar.

 

 

 

 



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